Hace 33 días que lo único que puede hacer la prensa acreditada en la Casa Rosada es estar encerrada en la sala de periodistas o ir al baño. Se profundizan los obstáculos para informar debido a las restricciones desmedidas que aplica la gestión de Javier Milei.
El gobierno de Javier Milei, que levanta como bandera la frase “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, que insulta a periodistas a diario en las redes sociales –sobre todo si son mujeres–, y que fue en contra del estatuto profesional, también tiene sitiada la sala de periodistas de la Casa Rosada. No solo fue el único gobierno de la historia reciente que cerró la sala de prensa por once días, sino que la abrió, pero con restricciones que impiden a los periodistas llevar a cabo la cobertura de las actividades gubernamentales. En ese contexto, y en un nuevo día del periodista, los acreditados de la Casa Rosada realizaron una intervención en las puertas de Balcarce 50 para visibilizar la situación y se mostraron con un cartel que decía: “sala abierta, periodistas encerrados”.
Si bien las puertas de la sala de Casa Rosada fueron abiertas hace un mes –después de una denuncia que hizo el gobierno contra dos periodistas por supuesto ‘espionaje ilegal’, y que fue desestimada por la justicia– los periodistas no pueden realizar su trabajo por las restricciones desmedidas que aplica el gobierno. En este contexto, y hace 33 días, lo único que puede hacer la prensa acreditada en la Casa Rosada es estar encerrada en la sala de periodistas o ir al baño.
Los funcionarios circulan por pasillos a los que no se puede acceder de ninguna forma y tampoco divisar porque desde el gobierno se encargaron –durante los once días que tuvieron denegado el acceso a la prensa– de esmerilar todos los vidrios y cerrar todas las puertas de Balcarce 50 para que solo se pueda acceder a los pasillos con huella dactilar.
La hermana del presidente, Karina Milei, que además de ser hermana del mandatario ocupa el rol de secretaria general de la Presidencia, es la que dio las órdenes a la secretaría de Comunicación, que conduce Javier Lanari, de censurar a los periodistas acreditados. El trabajo comenzó de a poco y las prohibiciones fueron escalando a lo largo de los meses.
La represión a los fotoperiodistas durante las movilizaciones es moneda corriente durante el gobierno libertario. Así también los insultos y las humillaciones que el mandatario propina a los periodistas que lo cuestionan. La semana pasada, incluso, el Presidente pidió sacar de competencia a una candidata a jueza por ser cuñada de un periodista que lo investiga.
En ese contexto, los hermanos Milei también tienen un particular ensañamiento con los periodistas que día a día cubren las actividades gubernamentales y que, para ello, están acreditados en Casa Rosada. Al comienzo de la gestión a una periodista le quitaron su acreditación solo por mencionar a los perros del Presidente. En 2025, en tanto, echaron a este diario de un evento en el que iba a hablar Milei solo porque su hermana no estaba de acuerdo con la línea editorial del medio.
Luego empezaron las restricciones al trabajo en la Casa Rosada. La secretaría general de la Presidencia mandó a poner cámaras en las puertas de determinados despachos para ver qué dirigentes hablaban con qué periodistas. Luego, prohibían a la prensa hacer guardias en ciertos lugares que siempre estuvieron habilitados y también a moverse por los pasillos o estar en el Patio de las Palmeras cuando el Presidente ingresaba o salía de la Casa de gobierno –algo que no ocurrió con ninguna otra gestión–.
En paralelo, en 2025, como condición sine qua non para acreditar a los periodistas en la Casa de Gobierno, desde la secretaría de Comunicación hicieron firmar a los trabajadores de prensa y a los responsables de los medios una declaración jurada que limitaba el trabajo de la prensa.
En ese momento este diario y periodistas de otros medios mostraron su disconformidad con el texto y, al querer firmar en disidencia adelantando que el gobierno premeditaba una censura, desde la Casa Rosada amenazaron con dejar afuera a los medios que no firmen la declaración jurada o la firmen en disconformidad.
Se trató de la resolución 1319 que dice, entre otras cosas, que: “se autoriza únicamente la circulación transitoria por las áreas comunes que sean estrictamente necesarias e indispensables, con el solo fin de trasladarse desde los puntos habilitados de ingreso y hasta los espacios habilitados para la realización de eventos o actividades periodísticas. La permanencia y circulación en pasillos, oficinas, despachos u otras zonas de la Casa de Gobierno que no estén explícitamente autorizadas a tal fin, se encuentra prohibida”.
En la interpretación arbitraria que hacen desde el oficialismo tampoco permiten que los periodistas “circulen” por el Patio de las Palmeras, algo que según dice el texto, sí se podría hacer.
En la actualidad, para ingresar a la Casa Rosada los periodistas primero deben dar su nombre, apellido y DNI en las rejas de la Casa de gobierno a un funcionario de la Casa Militar. Ellos tienen una lista con la foto de cada uno de los acreditados. Luego, la prensa es enviada a un ingreso paralelo al oficial y obligados a pasar un doble control de detección de metales –el escáner y luego una detección manual–.
Una vez más, personal de Casa Militar pide el DNI –ya no se puede acceder con huella dactilar como antes– y le entregan al periodista su credencial personal que obligan a tenerla colgada del cuello. Además, al irse, lo obligan a dejarla.
“La Casa Militar tiene esa órden”, responden en los pasillos de la Casa de Gobierno los efectivos de la Casa Militar a los periodistas que reclaman. Ellos, en teoría, son los que deberían estar abocados a la seguridad presidencial y no a la vigilancia y censura a la prensa.
Cuando los periodistas intentan pasar los vidrios esmerilados, los funcionarios amenazan: “vas a tener consecuencias si vas al Patio de las Palmeras”. Se trata de un lugar al que históricamente accedió la prensa acreditada para, por ejemplo, ver quién entra y quién sale por el Salón de los Bustos. El argumento que dan desde el oficialismo para intentar justificar la censura es que limitan a la prensa por “un tema de privacidad”, de los funcionarios.
El personal de Casa Militar, además, vigila los movimientos de los periodistas y merodea cerca de la sala cuando los acreditados hacen llamados o conversan entre ellos.
Manuel Adorni, el exvocero y actual jefe de Gabinete, dijo al reabrir la sala que iba a dar una conferencia de prensa por semana. Sin embargo no volvió a aparecer. Los casos de corrupción por los que el Jefe de Gabinete es investigado por la justicia siguen su curso. En su entorno, en tanto, dicen que esta semana el funcionario presentará su declaración jurada.