Miércoles 01 de abril de 2026

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Una por una: las trampas de Javier Milei para ocultar la verdadera pobreza

Mientras el programa económico libertario avanza para destruir salarios, jubilaciones y condiciones de vida, el debate sobre cómo medir la pobreza vuelve a ocupar el centro de la escena. La metodología del Indec, en el ojo de la tormenta por no reflejar la realidad.

El gobierno de Javier Milei salió a festejar que la pobreza alcanzó a 8,5 millones de personas en el segundo semestre del 2025 y cerró el año en 28,2%, lo cual significó una baja de 3,4 puntos porcentuales respecto al primer semestre. Sin embargo, la aparente caída está bajo revisión por el desmanejo estadístico del Indec, que incluso oculta una sobreestimación de 4 puntos en el índice más sensible para la sociedad. Entre una canasta de consumo no actualizada y una comparación con años previos incorrecta desde lo metodológico, las cifras oficiales se despegan de la realidad callejera: salarios a la baja, consumo deprimido y jubilaciones en el piso.

Un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas identificó los problemas metodológicos que sobreestiman la «mejora» social en un contexto de crisis económica, caída del consumo y deterioro de salarios y jubilaciones. Según el análisis, los datos oficiales no reflejan completamente el impacto de la inflación sobre los ingresos reales. No se trata de una crítica nueva.

La consultora CP había realizado un estudio que demostraba que si la medición oficial estuviera ajustada a parámetros reales y se adaptara con la mejor captación de ingresos que tiene el Indec desde mitad de 2024, la pobreza hubiera representado el 42% en el primer semestre del año pasado, es decir, 11 puntos más de los que había difundido el organismo estadístico.

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Por su parte, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina se había expresado en el mismo sentido: subestimación de costo de vida y sobreestimación de ingresos que antes no estaban contemplados por el propio Indec.

Lo cierto es que los datos oficiales muestran una caída de la pobreza al 28,2% en el segundo semestre de 2025. Sin embargo, el informe de IPPyPP advierte que esa mejora podría estar sobreestimada por al menos 4 puntos porcentuales debido a problemas metodológicos. El documento plantea una contradicción central: mientras las estadísticas muestran una mejora, otros indicadores clave de la economía —como el consumo, los salarios y el empleo— reflejan un deterioro sostenido.

En ese sentido, el estudio sostiene que la medición actual no logra capturar plenamente el impacto de la inflación ni el deterioro del poder adquisitivo en los hogares.

Uno de los principales cuestionamientos apunta a la forma en que se relevan los ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Según el informe, en los últimos trimestres la encuesta registró aumentos en los ingresos que no coinciden con otras fuentes oficiales, como el índice de salarios.

Por ejemplo:

En el sector privado, la EPH muestra una suba real del 20%, mientras que el índice de salarios indica una caída del 3,4%.
En el sector público, la diferencia es aún mayor: la encuesta registra una baja del 1,8%, contra una caída del 21,2% en los datos oficiales.
El mismo fenómeno se observa en las jubilaciones: mientras los haberes reales muestran pérdidas o mejoras acotadas, la encuesta refleja incrementos significativamente mayores.
Para los autores, esto sugiere una sobreestimación de los ingresos, lo que impacta directamente en la medición de pobreza. No solamente este reporte es crítico con el Indec de Milei.

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Otro de los problemas clave está en la forma en que se calcula la línea de pobreza. Actualmente, la Canasta Básica Total se basa en patrones de consumo de 2004-2005, a pesar de que existen datos más recientes que no fueron incorporados.

Esto genera un sesgo importante, ya que en los últimos años, los servicios aumentaron mucho más que los bienes. Sin embargo, la canasta actual tiene mayor peso de bienes que de servicios. Como resultado, la canasta crece por debajo de la inflación real.

El informe remarcó que esta situación subestima el costo de vida, lo que reduce artificialmente la cantidad de personas consideradas pobres. En otras palabras, la inflación impacta más en los hogares de lo que reflejan los indicadores oficiales.

Consumo en caída y endeudamiento en alza
La divergencia entre estadísticas y realidad también se observa en el consumo. Según datos oficiales citados en el informe, las ventas en supermercados cayeron 11,3% desde noviembre de 2023, mientras que en mayoristas, la baja alcanza el 18,7%.

Al mismo tiempo, creció el uso del crédito: el pago con tarjeta en supermercados pasó del 37,7% al 44,4%. Esto refleja una tendencia clara: los hogares sostienen el consumo mediante endeudamiento y uso de ahorros, lo que no se refleja en la medición de pobreza basada únicamente en ingresos mensuales.

Incluso los indicadores no monetarios refuerzan este diagnóstico:

22% de la población vive en viviendas de calidad insuficiente
Cerca del 19% tiene tenencia precaria de la vivienda
14,5% presenta problemas de saneamiento
A esto se suma un fuerte recorte del gasto social, que cayó cerca de un 20% en términos reales, afectando áreas clave como vivienda, educación y asistencia social.

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El efecto “aguinaldo” y los problemas de comparabilidad
Otro factor metodológico señalado es el impacto del aguinaldo en las mediciones trimestrales. El informe muestra que, al excluir ese ingreso extraordinario, la pobreza es mayor, lo cual evidencia que la mejora observada es estacional y no estructural. Para el tercer trimestre de 2025, la pobreza pasa de 26,9% a 29,4%, mientras que en el cuarto trimestre se ubica en torno al 29,5%.

En síntesis, el informe plantea que la medición actual de pobreza presenta limitaciones importantes en un contexto de alta inflación y cambios en el consumo. La combinación de ingresos sobreestimados, canastas desactualizadas, cambios en precios relativos y deterioro del consumo genera una imagen más optimista que la realidad económica.

Casi tristemente poéticamente, en paralelo a que el Indec haya informado en la baja de la pobreza, se dio a conocer que la venta de yerba mate se desplomó 9% interanual en febrero. En un país donde la pobreza supuestamente baja aceleradamente, los sectores populares no son capaces ni de comprar el producto que suele sustituir comidas en tiempos de crisis. Mientras el programa económico libertario avanza para destruir salarios, jubilaciones y condiciones de vida, el debate sobre cómo medir la pobreza vuelve a ocupar el centro de la escena.

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