
Vence el ultimátum de Milei al Reino Unido por Malvinas y crece la tensión por el petróleo
El lunes vence el plazo fijado por el Gobierno argentino para que Londres frene el proyecto petrolero Sea Lion. Mientras el Reino Unido rechaza el arbitraje impulsado por Buenos Aires, las islas refuerzan sus vínculos comerciales con Chile.
La disputa por la explotación de hidrocarburos en las Islas Malvinas suma un nuevo capítulo. Este lunes 12 de octubre vence el plazo fijado por el presidente Javier Milei al Reino Unido para que intervenga contra el proyecto petrolero Sea Lion, ubicado en la cuenca norte del archipiélago. Sin embargo, desde las islas y el Gobierno británico no se anticipan cambios inmediatos, mientras persisten las diferencias sobre la jurisdicción internacional y la soberanía.
El proyecto Sea Lion, desarrollado por las empresas Navitas y Rockhopper, constituye uno de los principales focos de tensión entre Argentina y el Reino Unido por la explotación de recursos naturales en el Atlántico Sur.
Según la información, la iniciativa cuenta con una decisión final de inversión desde diciembre de 2025. La administración argentina cuestiona las actividades hidrocarburíferas en el área, al considerar que se desarrollan en un territorio cuya soberanía permanece en disputa.
El 28 de septiembre, Milei ordenó iniciar un procedimiento de arbitraje en el marco del Anexo VII de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Además, advirtió que solicitaría medidas provisionales ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar si el Reino Unido no actuaba para frenar el proyecto.
No obstante, el Reino Unido rechazó el arbitraje el 30 de septiembre y sostuvo que las actividades en el archipiélago se encuentran reguladas por la legislación local, conforme a su interpretación del derecho internacional.
Un análisis jurídico publicado por el portal especializado Diplomacy & Law y reproducido por Mercopress plantea interrogantes sobre el alcance de la iniciativa argentina y los pasos necesarios para que avance el procedimiento.
El autor del artículo, Edmarverson A. Santos, sostiene que el plazo fijado unilateralmente por Argentina no surge de la Convención del Derecho del Mar. También distingue entre la instrucción política de iniciar un arbitraje y la apertura formal del procedimiento, que requiere una notificación escrita al otro Estado acompañada de la demanda y sus fundamentos.
Según el análisis, no constaba que esa notificación se hubiera cursado al momento de la publicación.
El artículo también advierte que el principal obstáculo podría ser la jurisdicción del tribunal internacional. Los mecanismos previstos por la convención permiten resolver controversias vinculadas con su interpretación o aplicación, pero no decidir directamente sobre títulos de soberanía territorial.
Como antecedentes, el especialista menciona los procedimientos relacionados con las islas Chagos y Crimea, en los que los tribunales delimitaron el alcance de sus competencias frente a reclamos vinculados con disputas territoriales.
Por ese motivo, el análisis considera que Argentina debería formular planteos jurídicos que puedan resolverse bajo la convención sin exigir que el tribunal determine, de manera directa o indirecta, la soberanía sobre las Malvinas.
Una eventual medida provisional no resolvería la disputa de soberanía, sino que podría establecer disposiciones temporales mientras se desarrolla el procedimiento, siempre que se cumplan los requisitos jurídicos correspondientes.
En paralelo a la disputa diplomática, las relaciones comerciales entre las Islas Malvinas y el sur de Chile también quedaron bajo la atención pública.
Según el artículo de El Sureño, Punta Arenas recibió una delegación comercial procedente de las islas, presentada como la mayor de su historia, con el objetivo de avanzar en una conexión marítima directa.
La iniciativa generó repercusiones luego de los cuestionamientos del Gobierno argentino a vuelos que, según denunció, habrían operado sin las autorizaciones correspondientes en rutas vinculadas con las Malvinas.
En ese contexto, Argentina apuntó contra la empresa británica Thales UK Limited y anunció sanciones, denuncias penales y gestiones diplomáticas, de acuerdo con la información difundida.
La controversia también provocó declaraciones de dirigentes políticos de la región de Magallanes. El senador chileno Karim Bianchi cuestionó la postura argentina y calificó el reclamo como una intromisión en las relaciones comerciales de su región.
Bianchi sostuvo que Chile mantiene una posición histórica respecto de la cuestión de soberanía de las Malvinas, pero consideró que esa controversia no debería traducirse en restricciones al intercambio comercial entre Magallanes y las islas.
Por su parte, el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, planteó interrogantes sobre las diferencias en el tratamiento de los vínculos comerciales con otros países. En particular, mencionó el intercambio entre las islas y Montevideo, Uruguay, y preguntó por qué ese comercio no recibiría cuestionamientos equivalentes.
Las declaraciones reflejan una nueva dimensión del conflicto, en la que la disputa por la soberanía y los recursos naturales se cruza con los intereses comerciales de las ciudades del extremo sur del continente.
El vencimiento del plazo fijado por Milei constituye un nuevo punto de tensión entre Argentina y el Reino Unido, aunque no implica por sí mismo una resolución automática ni la suspensión del proyecto petrolero.
El desenlace dependerá de las decisiones diplomáticas de ambos gobiernos y de los eventuales pasos jurídicos que formalice la Argentina. Mientras tanto, Sea Lion continúa en el centro de la disputa por los recursos hidrocarburíferos de las Malvinas, en un escenario atravesado por diferencias legales, intereses económicos y posiciones contrapuestas sobre la soberanía del archipiélago.

