Sábado 14 de marzo de 2026

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El consumo masivo refleja el deterioro del bolsillo

Las ventas en supermercados cerraron 2025 con un incremento de apenas 2%, cuando habían caído 11 puntos en 2024. Los mayoristas terminaron abajo.

Las ventas en supermercados cerraron 2025 con un incremento acumulado de apenas 2 por ciento, según el Indec. El dato apenas alcanzó para compensar una parte de la caída de 11 puntos registrada en 2024. La comparación interanual tampoco muestra un repunte vigoroso: en diciembre las compras crecieron sólo 0,5 por ciento frente al mismo mes del año anterior, una variación que refleja el impacto del rezago salarial sobre el consumo masivo.

El deterioro del ingreso disponible se combina con facturas de servicios públicos cada vez más abultadas y con un uso más intensivo de tarjetas de crédito para gastos corrientes. No es casual que en este contexto la morosidad en tarjetas haya comenzado a escalar.

En paralelo, los autoservicios mayoristas terminaron el año 6,8 por ciento por debajo de 2024 —que ya había acumulado una retracción de 15 puntos—, confirmando que ni siquiera la búsqueda de precios más bajos logró revertir la debilidad de la demanda.

El balance expone una de las principales fragilidades del esquema económico actual: sin recomposición sostenida del poder adquisitivo, el mercado interno pierde dinamismo y el consumo, histórico motor de la actividad, queda atado a un endeudamiento creciente que difícilmente pueda sostenerse en el tiempo.

Si bien las compras en supermercados cerraron el año con una variación positiva del 2 por ciento, ese número debe ser tomado entre pinzas porque se compara con un año fuertemente recesivo como fue el 2024. Es decir que los niveles de consumo siguen siendo bajos. Además se experimentó un descenso en el ritmo de crecimiento promedio, que pasó del 4 por ciento promedio en el primer semestre del 2025 a 0,2 por ciento en la segunda mitad del año, para anotar una variación de 0,5 por ciento puntualmente en diciembre.

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Por otro lado, se observa que el grueso de las compras en supermercados se realizó con tarjetas de crédito, las cuales representaron el 43,6 por ciento del total en diciembre del 2025 según los datos de Indec. El uso de tarjetas de crédito es cada vez más difundido para financiar inclusive gastos corrientes: compras de alimentos y bebidas pero también el pago de los servicios públicos en las familias de clase media baja.

En segundo lugar en relevancia entre los medios de pago aparecen las tarjetas de débito, que explicaron el 26,1 por ciento de las compras en supermercados en el último mes. Le siguió el uso del efectivo (16,3 por ciento) y otros medios de pago (14 por ciento), que incluye las operaciones a través de billeteras virtuales, con rápido crecimiento en los últimos años.

Derrape mayorista
Por su parte, las ventas en autoservicios mayoristas acumularon en 2025 una caída del 6,8 por ciento, pese a que en diciembre mostraron un repunte interanual del 2,1 por ciento. La mejora puntual de fin de año no alcanza a revertir una tendencia contractiva que se arrastra desde el inicio de la gestión de Javier Milei: en 2024 el sector ya había cerrado con un desplome del 15 por ciento.

Los mayoristas no son un canal menor: allí se abastecen pequeños comercios de barrio y también familias de ingresos medios y bajos que buscan precios más convenientes comprando en volumen productos básicos —alimentos no perecederos, artículos de limpieza, bebidas— para estirar el presupuesto mensual.

La persistencia de números negativos, incluso en un segmento asociado al “consumo defensivo”, da cuenta de la profundidad de la retracción del mercado interno. Una política más agresiva de descuentos en las grandes cadenas y el menor poder adquisitivo de los hogares ayudan a explicar este deterioro.

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La crisis de ventas en el segmento de consumo masivo atraviesa a todo el entramado minorista y empieza a traducirse en una destrucción neta de puestos de trabajo. Según el Indec, el personal asalariado en autoservicios mayoristas (13.227 personas) se redujo un 8,6 por ciento en diciembre frente al mismo mes de 2024, una caída significativa para un sector que ya venía golpeado.

En supermercados, donde se desempeñan 99.324 trabajadores, la merma fue del 1,4 por ciento en igual período. Aunque de distinta magnitud, ambos datos confirman que la retracción del consumo no sólo impacta en la facturación sino también en el empleo formal del sector. Cuando las ventas no repuntan, el ajuste se traduce en un proceso concreto de achicamiento de plantillas de personal y mayor precarización laboral.

Por último, el Indec también relevó las ventas shoppings, que son un indicador de consumo de las clases medias altas y centralizadas en la capital porteña. También este segmento se encuentra en declive, en diciembre registró una caída de 2,4 por ciento interanual y en 2025 cerró con un módico repunte del 3,4 por ciento.

El ticket promedio por local fue de 164.730 pesos, que tampoco revela compras de magnitud. El modelo económico de Milei, que pone en el centro la baja del déficit y la inflación como principales objetivos, deja en un segundo plano lo que ocurre en la economía cotidiana: el empleo, la producción y el consumo. En esos frentes los números no acompañan, con caídas que no sólo marcaron a 2024 sino que se extendieron a lo largo de 2025.

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Página/12

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