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Ordenan la aprehensión de la mujer que habría pagado a los sicarios en el ataque a Beller

01/09/2026

Señalada por la fiscalía como la persona que se reunió y le pagó a los sicarios colombianos. Estuvo presa en Brasil por tráfico de drogas. La vinculan al exjefe de la Aduana, que tenía estrecha relación con Cerimedo.

Una exfuncionaria de la Aduana, María Argentina Rojas Roca, fue sindicada por la fiscalía como la persona que se reunió y le pagó a los sicarios colombianos que intentaron asesinar a la abogada Nadia Beller. La orden de aprehensión fue librada este lunes y tiene la firma de la fiscal del caso, Yolanda Aguilera, quien explícitamente califica el delito que se imputa a Rojas Roca como “asesinato en grado de tentativa”. En teoría, la mujer está vinculada al exjefe de la Aduana, Alberto Soto, y en teoría, también a Fernando Cerimedo. La razón de la sospecha es que Soto era un funcionario colocado en la Aduana por influencia del consultor argentino. Página/12 se comunicó con la fiscalía de Santa Cruz de la Sierra, pero no quisieron dar detalles de la investigación que los llevó hasta Rojas Roca: sí confirmaron la orden de aprehensión.

Los detalles
Rojas Roca fue destituida del cargo de jefa de la Aduana del aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, porque un informe estableció que estuvo presa en Brasil y fue expulsada el 21 de enero de 2021 por haber sido condenada por violación de la ley brasileña 6.368 de tráfico de estupefacientes. A Rojas Roca se la deportó desde el aeropuerto de Río de Janeiro.

Pese a semejante antecedente, la mujer fue designada por Soto al frente de la Aduana del principal aeropuerto de Bolivia, Viru Viru, el 28 de abril pasado. La cuestión produjo un enorme escándalo porque no era el único elemento sospechoso de ilícitos en ese aeropuerto. Hace algo más de un mes, el 23 de julio, fue detenido un joven, Adrian Lema Roca, con 4 valijas, 189 kilos de oro por un valor de 25 millones de dólares. Según Nadia Beller, Lema Roca está relacionado con Catalina, una hija del presidente, y también tiene vínculo -y fotos- con Cerimedo. De ahí viene la acusación de Beller contra Cerimedo por haber estado mezclado en tráfico de oro.

Lo impactante es que el gobierno de Rodrigo Paz desplazó a Soto de la Aduana el 18 de agosto, o sea al día siguiente del ataque contra Beller. Y, según la letrada, Soto era una pieza del poder de Cerimedo. ¿Tenía el presidente información sobre el involucramiento de Soto y Rojas Roca en la tentativa de femicidio?

La acusación
En la orden de aprehensión firmada por la fiscal Yolanda Aguilera dice expresamente de qué se acusa a Rojas Roca: participación en la tentativa de asesinato. Según DTV de Bolivia, en el expediente de la fiscalía dice: “habría mantenido reuniones, coordinaciones y realizado transferencias de dinero a los presuntos sicarios señalados de participar en la planificación y ejecución del ataque contra Nadia Beller”.

La investigación de la fiscalía y la policía boliviana es insólita, por la increíble precariedad del plan de asesinato de Beller. Todo partió de la moto que los sicarios dejaron frente al SwissHotel. Sucede que los individuos tuvieron que robar otra moto porque la que usaron para llegar a la escena no arrancó. Para sorpresa de los investigadores, la moto que quedó abandonada cerca del hotel no era robada, sino prestada, y el sujeto que la prestó dijo que se la pidió un conocido, colombiano, “porque tengo un negocio grande”. Es más, el dueño, un tal Edson Vega Justiniano, El Fiti, y el colombiano, Aldúbar Henry Silva Peña, Juancho, subieron la moto a una camioneta, la llevaron a un taller y le cambiaron el color. Era blanca y la pintaron de rojo. Cuando fueron a detener a Silva Peña, éste estaba prófugo, pero sí encontraron a su esposa, Paola Vargas Arizpe. Ella le dijo a los policías que no tenía nada que ver, que un vecino Roger Aguilera, le había prestado un arma a su marido. Para la justicia boliviana los dos sicarios fueron Silva Peña, Juancho; y Widen Justiniano Sotelo, otro colombiano. Ambos están prófugos. La esposa de Juancho y Roger, el que prestó el arma, están presos.

Más allá de esos avances de la pesquisa, en la fiscalía no le quisieron decir a este diario cómo es que vincularon a los sicarios con Rojas Roca, la mujer que ahora buscan detener. Algún elemento aporto Beller, que ya conocía el vínculo entre Cerimedo y el jefe de Rojas Roca, Soto.

Teoría conspirativa
Desde la cárcel, la defensa de Cerimedo ha sido más que débil respecto a las pruebas concretas y trató de politizar lo ocurrido: “esta acusación en mi contra es parte de un golpe de estado”, argumentó. Cuando en Radio 10 se le preguntó el domingo a la defensora de Cerimedo, Margarita Arce, cuál era la hipótesis de su defendido sobre el ataque de los sicarios, la letrada contesto: “él no sabe nada, no sabe quién atacó a Beller”.

Su jugada consiste en afirmar que el intento de femicidio fue una maniobra para involucrar al presidente Rodrigo Paz o una estrategia para desplazarlo a él como asesor del presidente. No faltan los que sugieren que Cerimedo exhibía poder por todos lados y se estaba enriqueciendo de la mano de la familia presidencial -combustible, oro, pistas de aterrizaje- y que todo es parte de la interna del gobierno.

Respecto del intento de femicidio, Cerimedo se atiene a la insólita explicación que ya dio: “fue una cuestión personal que se me fue de las manos”. Este fin de semana agregó que “Nadia no era una esposa, era una aventura, una amante”, tratando de encajar con la hipótesis de la fiscalía: que la tentativa de femicidio fue porque “Cerimedo no quería asumir la paternidad, a raíz del embarazo de Beller”. En la causa de Santa Cruz de la Sierra parecen no moverse de ese móvil.

Es distinto al expediente de La Paz, por enriquecimiento ilícito. En la acusación que formula el fiscal Carlos Torrez se ve una trama distinta, de mezcla directa con el poder -el presidente, su esposa, su hija- y con negocios oscuros del poder. En esa investigación le encontraron el equivalente a 100.000 dólares en efectivo y comprobantes de transferencias al exterior de otros 400.000 dólares. Ante esas evidencias, las explicaciones también fueron un naufragio: en la declaración que le tomaron en la cárcel, afirmó que ganaba un millón de dólares por mes (se lo preguntaron dos veces) y que no tenía ningún ingreso en Bolivia. Después cambio: dijo que ganaba un millón de dólares, pero por año. Su abogada, en cambio, sostuvo que Cerimedo trajo 200.000 dólares de la Argentina y que vivía de ese dinero. Nada resulta creíble.

Por el contrario, todo encaja con el perfil de un mitómano de la derecha, ligado a Trump y su corriente, especialista en difundir e instalar, a través millones de mensajes, falsedades de todo tipo. Creador, junto con otros, de tremendas histerias -se viene el comunismo, se viene Satanás, todo es culpa de la casta, hay fraude electoral- para favorecer a Javier Milei, Jair y ahora Flavio Bolsonaro, José Antonio Kast en Chile, Abelardo de la Espriella en Colombia y todo el plantel de reaccionarios continentales.

 

Página/12