Viernes 30 de enero de 2026

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La resistencia comunitaria en Minneapolis

En el invierno bajo cero de Minnesota, la médica santafesina Verónica Svetaz relata cómo la comunidad se organiza cuerpo a cuerpo para defender a migrantes del ICE y transformar la herida de George Floyd en una red de cuidado colectivo y antirracismo.

“¿Están bien?”. La pregunta se la hace una vecina estadounidense blanca a Verónica Svetaz, santafesina radicada en Minneapolis desde hace más de veinte años. Por eso, Verónica acumula un saber muy específico acerca de la población migrante en un estado donde en esta época del año las temperaturas bajo cero no interrumpen la organización comunitaria para defender a las personas del Control de Inmigración y Aduanas de EE. UU. (ICE).

La pregunta de su vecina sintetiza el cuidado organizado, la preocupación por el otro y el ponerse al servicio frente a la sanguinaria política antimigratoria de la administración de Donald Trump que, en ese territorio, les costó la vida a Renée Good y a Alex Pretti en las últimas dos semanas. Verónica le responde que sí, que ella y su familia están bien. El intercambio es sencillo; sin embargo, la emociona, así como también lo hace el llevar a su hija Lola a la escuela pública y ver cómo padres y madres se organizan para patrullar las manzanas con walkie-talkies —no con celulares, porque los agentes los intervienen— y cuidar a les niñes de familias migrantes.

“En este momento, el cuidado de mis pacientes lo estoy haciendo a través de telemedicina. Todo lo que aprendimos con el Covid lo estamos implementando porque las personas que parecen latinas están encerradas en sus casas por miedo. Porque en este momento no importa si tenés pasaporte o no: te llevan igual y uno tiene que soportar esa violencia física”, dice con una voz que denota agotamiento. Acaba de escuchar la canción que Bruce Springsteen escribió contra la ofensiva del ICE, se llama “Streets of Minneapolis” y continúa sonando mientras su perro ladra para salir afuera donde el termómetro en pleno mediodía marca -14 grados.

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Una ciudad herida
Verónica es médica especialista en adolescencia y su trayectoria profesional le permite dar cuenta de la importancia de leyes inclusivas y progresistas en el ámbito de la salud, pero también en la conformación de un tejido social bien ajustado. ¿Qué pasa en la fibra social y sensible de las personas que viven en el lugar donde, hace seis años, la policía asesinó al afroamericano George Floyd? ¿Por qué las imágenes de personas blancas ideando estrategias creativas para defender a les migrantes del ICE recorren el mundo como un gran llamado de atención para oponer resistencia frente a las políticas de Donald Trump?

“Acá tenés una sociedad que funciona y que es completamente contraria a los ideales del gobierno nacional actual”, dice. Para ella, el asesinato de George Floyd por parte de la policía fue una bisagra, una prueba del racismo radical que marcó un límite: “Los que están hoy afuera no son los latinos ni son los afroamericanos: son los blancos”

¿Que las personas blancas estén en la calle se lo atribuís al asesinato de George Floyd en 2020?

—En parte sí. El asesinato de Floyd sucede en el enclave latino por excelencia y después vino el Covid que afectó muchísimo a la comunidad latina. Se trata de la herida de la ciudad, que permitió que todo el mundo viera las injusticias y las inequidades de raza; por eso ahora están movilizándose y organizándose, justamente por esa herida.

Te referís a gente que podría no haberse planteado el racismo estructural hasta ese momento…

—Y sí. Fíjate que hay personas mayores que jamás salieron a la calle y ahora lo están haciendo, o padres y madres que ven a sus hijos adolescentes organizarse en el barrio, llevar a los niños de familias latinas a la escuela, llevarles comida. Frente a eso, ¿vos te podés quedar sin hacer nada?

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Revancha y resistencia
Muy cerca de donde vive Verónica, agentes federales balearon a un chico venezolano en la pierna a pocos días del asesinato de Renée Good: “Estaba lleno de gente grande, gente joven y familias protestando. Yo lo vi con mis propios ojos porque es un barrio más arriba del que vivimos nosotros. Y también había muchas mujeres blancas, muchas de ellas feministas, que es otro de los grandes relatos de este gobierno: el antifeminismo”.

Minnesota se ha consolidado como un estado refugio de derechos sexuales y reproductivos; se lo llama el “santuario” para migrantes y personas LGTB+. Sin embargo, según Verónica, a partir de la primera presidencia de Trump hubo que resistir mucho ante las amenazas dentro de universidades y clínicas en relación con el aborto o la hormonización de personas trans.

“Renée Good había venido hacía muy poco tiempo con su pareja y su hija. Decidieron dejar Misuri tras las elecciones de 2024; buscaban en Minnesota un ‘refugio’ frente a las políticas conservadoras de su estado anterior, especialmente seguridad para su familia LGBTQ+. Y termina muriéndose acá, es tremendo”.

Me gustaría retomar esto que decías en relación a un estado que funciona y que se opone rotundamente a la administración de Trump. ¿Crees que por eso se apunta contra les migrantes acá?

—Yo creo que en la primera presidencia de Trump aprendieron que tenían que tener gente leal al proyecto porque todo lo que iban a hacer era ilegal. Trump se quedó con la ‘sangre en el ojo’ tras lo de Floyd en Minneapolis; en ese momento quiso hacer un levantamiento para defender a la policía y no pudo. Esto es una campaña de revancha.

¿Qué te pasa cuando escuchás que las personas que salen a protestar cantan “el pueblo unido jamás será vencido”?

—Estamos en el año 2026 y en este país va a haber un Mundial de Fútbol. No puedo dejar de pensar que en el 78´ en nuestro país también había un mundial y desaparecían gente. Hay mucha violencia en la calle, pero al contrario de aquella época, en donde todo era más silencioso, acá hay mucho ruido. Están llenos de ametralladoras, despliegue y espectáculo del terror. Pero también está todo el mundo alzado, para mí es justamente lo contrario al “no te metas” o el “algo habrán hecho”.

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A pesar de la organización y de una sociedad decidida a no dejar que pisoteen sus derechos, lo que ella observa es que el ICE avanza en lugares que antes eran respetados, como clínicas, escuelas o iglesias: “Eso sin duda genera miedo, pero Minnesota ha sido un wake-up call (un llamado de atención) para todo el país y, tal vez, para el mundo”.

Concordancia cultural
Verónica migró a Estados Unidos para hacer su especialización en adolescencias, en 2001 presentó un proyecto para eliminar las disparidades en salud argumentando que estaba demostrado científicamente que cuando el proveedor de salud y el paciente concuerdan en en su identidad cultural los resultados son mejores. La clínica en donde ella hizo la residencia y en donde trabaja actualmente se transformó en un faro para la comunidad migrante.

Hace 20 años que trabajás con personas migrantes, me imagino que todo cambió mucho. ¿Cómo definís este momento?

—Es un cambio de paradigma y es infundir el miedo. Pero la fortaleza está en eso que nos conmueve de cuidarnos entre todos, en el primer gobierno de Trump asustaban a las personas migrantes diciéndoles que si tenían un subsidio o pedían ayuda para comer iban a tener problemas para tramitar la ciudadanía. En ese momento hicimos un gran trabajo para desmentir eso, ahora se trata de defender cuerpo a cuerpo a quienes están en sus casas con miedo a que el ICE se lo lleve, lo importante es que siempre hay una respuesta.

Página/12

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