El olor a quemado se percibe a varias decenas de kilómetros y al sol le cuesta abrirse paso a través del humo que envuelve el cielo por el incendio que ha arrasado 32.000 hectáreas a 100 km al norte de Madrid, que angustia a habitantes y autoridades.
Lorenza Benítez nunca había vivido un incendio, pero desde que se desató el jueves el fuego en la provincia de Guadalajara ha visto cómo el lugar que quiere «con locura» queda reducido a cenizas.
«Mi Bustares, todo el exterior, toda la naturaleza», está «todo quemado, es muy duro, muy doloroso», dice a la AFP Lorenza, de 77 años, quien tuvo que abandonar a toda prisa su casa en esa pequeña población que fue evacuada preventivamente el sábado.
Como ella, María Isabel Benito se refugió en el polideportivo de Humames, junto con otras 74 personas desalojadas.
Esta empleada de limpieza de 57 años tuvo solo unos segundos para salir de su casa con sus documentos y sus medicamentos cuando fue evacuado su pueblo, Zarzuela de Jadraque, el sábado.
«Es la primera vez que lo vivo», dice María Isabel, quien hasta ahora solo había visto grandes incendios forestales por televisión.
Cree que encontrará su casa a salvo, pero el parque natural de la Sierra Norte está completamente arrasado. «No lo voy a volver a ver verdecito», se lamenta.
En el polideportivo, la vida se organiza. Los desalojados duermen en camas de campaña y reciben comida.
Pero más que la ayuda material, lo importante es «estar con ellos» y apoyarlos psicológicamente, porque «la gente está intranquila, porque imaginemos que nuestras casas, nuestros pueblos, se queman, a cualquiera le afectaría mucho», explica Felipe Argomaniz, coordinador local de la Cruz Roja.