Miércoles 28 de enero de 2026

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Frío extremo, muertes y colapso

Al menos siete muertos, más de 900 mil hogares sin luz y miles de vuelos cancelados por una tormenta récord que afecta a más de 20 estados.

Una tormenta invernal de magnitud histórica avanzó durante el fin de semana desde el sur y el centro hacia el noreste de Estados Unidos y dejó un saldo de al menos siete personas muertas, más de 900.000 usuarios sin electricidad, transporte paralizado y amplias zonas del país bajo estado de emergencia. El fenómeno, impulsado por una masa de aire ártico proveniente de Canadá, fue calificado por el Servicio Nacional de Meteorología (NWS) como uno de los episodios invernales más severos y extensos de las últimas décadas.

El sistema meteorológico afectó a más de 20 estados y al Distrito de Columbia, con una combinación de nevadas intensas, lluvia helada y acumulaciones de hielo que volvieron intransitables rutas y calles, provocaron cortes masivos de energía y obligaron a las autoridades a pedir a la población que permaneciera en sus casas. Según el NWS, los efectos de la tormenta se extenderán durante varios días, incluso después de que cesen las precipitaciones, debido a las recongelaciones sucesivas y a temperaturas extremas.

El impacto humano comenzó a hacerse visible rápidamente. En Luisiana, el departamento de salud confirmó dos muertes relacionadas con el frío extremo, mientras que en Nueva York el alcalde Zohran Mamdani informó que al menos cinco personas fallecieron y fueron encontradas a la intemperie antes del inicio de las fuertes nevadas. “No hay un recordatorio más contundente de los peligros del frío extremo y de lo vulnerables que son muchos de nuestros vecinos, especialmente las personas sin hogar”, señaló el funcionario.

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La tormenta también puso en jaque al sistema energético. De acuerdo con el sitio PowerOutage.us, más de 900.000 clientes estaban sin suministro eléctrico el domingo por la mañana, con Tennessee como uno de los estados más afectados, seguido por Texas, Mississippi y Luisiana, regiones poco acostumbradas a este tipo de eventos. Ante el riesgo de apagones prolongados, el Departamento de Energía de Estados Unidos emitió órdenes de emergencia para autorizar el uso de recursos de generación adicionales y flexibilizar límites regulatorios.

El transporte aéreo fue uno de los sectores más golpeados. Más de 10.500 vuelos fueron cancelados solo el domingo, y la cifra total del fin de semana superó ampliamente las 15.000 cancelaciones, convirtiendo a este evento en uno de los mayores colapsos de la aviación estadounidense desde la pandemia. Aeropuertos clave como los de Washington, Nueva York, Filadelfia, Atlanta y Dallas operaron con fuertes restricciones, mientras que aerolíneas como Delta, JetBlue y United advirtieron sobre nuevas cancelaciones y reprogramaciones.

En las calles, el impacto fue inmediato. En ciudades del centro y el este del país se registraron acumulaciones de nieve superiores a los 20 centímetros, mientras que en el sur predominó el hielo, considerado por los meteorólogos como el factor más peligroso. El NWS alertó sobre la posibilidad de daños estructurales, caída de árboles y cortes de energía de larga duración, especialmente en el sudeste.

La respuesta oficial incluyó la declaración de emergencias federales en numerosos estados, entre ellos Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Tennessee, Kentucky, Virginia, Maryland y Arkansas. El presidente Donald Trump aseguró que el gobierno federal seguía de cerca la evolución del fenómeno y pidió a la población que se mantuviera a salvo y abrigada, aunque volvió a utilizar el episodio para cuestionar el cambio climático, una postura que fue rápidamente refutada por científicos y especialistas.

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Desde el ámbito académico, los expertos señalaron que este tipo de eventos extremos están asociados a perturbaciones del vórtice polar, un fenómeno que permite que el aire ártico se desplace hacia latitudes más bajas. En los últimos años, estas irrupciones de frío intenso se han vuelto más frecuentes, en parte por el rápido calentamiento del Ártico, que debilita los patrones atmosféricos que antes contenían estas masas de aire.

Las previsiones para los próximos días no son alentadoras. Tras el paso de la tormenta, se esperan temperaturas mínimas récord y sensaciones térmicas que podrían descender por debajo de los -45 grados, especialmente en las Grandes Llanuras y el noreste del país. Las autoridades advirtieron que la recuperación será lenta y que los riesgos seguirán presentes, en un escenario que vuelve a exponer las desigualdades sociales y la vulnerabilidad de millones de personas frente a fenómenos climáticos cada vez más extremos.

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