La luna de miel entre el núcleo duro del periodismo alineado con la Casa Rosada y el entorno de Javier Milei atraviesa su primera gran crisis de fe. Lo que comenzó como un rumor en los pasillos de Balcarce 50 se cristalizó en un estallido de críticas frontales contra la figura de Manuel Adorni. El eje del conflicto no es ideológico, sino patrimonial: la falta de claridad sobre sus bienes y propiedades ha logrado lo impensado: que las voces más protectoras del oficialismo le suelten la mano en vivo.
El «suicidio» de Majul. Luis Majul, habitualmente un bastión de defensa de la gestión libertaria, sorprendió con un editorial lapidario. El periodista calificó la reciente conferencia de prensa de Adorni —donde intentó explicar el origen de sus bienes— como un «suicidio político». Según el conductor, el Jefe de Gabinete no solo no despejó dudas, sino que «sumó opacidad» a una situación ya de por sí vidriosa, dejando la sensación de que el funcionario está «con un pie afuera» debido a la precariedad de sus argumentos.
Viale y el reclamo de papeles. Por su parte, Jonatan Viale abandonó la diplomacia y le exigió directamente al funcionario que «muestre los papeles». Desde el aire de Radio Rivadavia, Viale cuestionó la soberbia de Adorni frente a las investigaciones periodísticas: «En todo caso, el que tiene que pedir perdón es él», disparó. El reclamo se centró en la trazabilidad de los fondos para adquirir un departamento en Caballito y su casa en un country, bienes que, según los críticos, no coinciden con las declaraciones juradas presentadas hasta la fecha.
Grietas en el relato. La incomodidad en el universo de LN+ y TN no es menor. El hecho de que periodistas identificados con el «cambio» denuncien irregularidades en el patrimonio del hombre que maneja la comunicación oficial marca un punto de inflexión. Si Adorni no logra documentar sus ingresos y justificar su crecimiento patrimonial, el costo no será solo personal: será la primera mancha de «opacidad casta» que el relato oficialista no podrá limpiar con un tuit.