Desde hace décadas, la zona vive con el peor de los temores ante el presagio de que pudiera ocurrir lo que efectivamente ocurrió este domingo: advertencias que surgieron en las últimas semanas, tras años en los que los desprendimientos de los dos cerros generaron caos, una ciudad partida por la mitad y complicaciones para los vecinos.
El derrumbe que afectó a un sector del barrio Sismográfica volvió a poner en primer plano una problemática estructural de Comodoro Rivadavia: el crecimiento urbano sobre zonas geológicamente inestables.
Desde hace décadas, los cerros que atraviesan la ciudad no solo la dividen en norte y sur, sino que también exponen las consecuencias de una expansión sin planificación sostenida.
Visible desde distintos puntos del centro y desde el Aeropuerto Internacional General Enrique Mosconi, el cerro Hermitte forma parte del sistema mesetario que comparte con los cerros Chenque y Viteau. Con sus 220 metros sobre el nivel del mar, es el de menor altura del trío, pero no por eso menos riesgoso. Su composición arcillosa, sumada a la acción del agua y la intervención humana, lo convierte en un área de inestabilidad permanente.
A diferencia del Chenque —cuyo talud es atravesado por la Ruta Nacional 3 y concentra históricamente la mayor cantidad de derrumbes—, el Hermitte presenta movimientos de suelo más silenciosos, pero persistentes. Se trata de desplazamientos laterales y expansiones de arcillas que, aunque imperceptibles en el corto plazo, generan daños acumulativos en viviendas, calles y servicios.
El cerro lleva el nombre de Enrique Hermitte, ingeniero argentino vinculado al descubrimiento del petróleo en el país, y se encuentra delimitado por barrios como General Mosconi, Villa S.U.P.E., 25 de Mayo y Güemes.
A sus pies se levantaron, desde mediados del siglo XX, distintos asentamientos ligados al desarrollo petrolero y a los talleres de YPF, en un contexto donde la urgencia habitacional primó sobre la planificación territorial.
Uno de los sectores más comprometidos es el barrio Sismográfica, en Km 3. Allí, la urbanización se asentó sobre depósitos de remoción en masa originados por antiguos deslizamientos del propio cerro.
Estudios geológicos realizados hace décadas advierten sobre movimientos de larga data, lo que explica las fisuras recurrentes en viviendas y calzadas, así como la falta de reconocimiento formal del barrio por la ausencia de mensura.
Durante los años 80 y 90, el crecimiento fue sostenido y desordenado. De unas pocas familias iniciales se pasó a más de un centenar, en un proceso que también alcanzó —aunque en menor medida— a Villa S.U.P.E. y a sectores bajos de General Mosconi. En 2012, una orden judicial obligó a la Municipalidad a intervenir, levantando ocupaciones ilegales y derribando viviendas en construcción sobre la ladera del cerro, considerada zona no apta para edificación.
Los antecedentes técnicos son claros. Investigaciones geológicas señalan la presencia de sedimentitas poco consolidadas, fallas, diaclasas y materiales expansivos, combinados con una alta capacidad de infiltración de agua. Todo ello configura un equilibrio inestable que se ve agravado por cortes de terreno, tránsito, construcciones precarias y falta de obras de contención.
Hoy, el cerro Hermitte también es utilizado para actividades deportivas y recreativas, una postal que contrasta con la fragilidad del suelo sobre el que se asienta parte de la ciudad. La reciente emergencia no hizo más que actualizar una advertencia conocida: Comodoro Rivadavia sigue creciendo entre cerros que no perdonan la improvisación.
Del Chenque al Hermitte, la geografía no solo parte a la ciudad en dos. También expone, una y otra vez, las consecuencias de haber avanzado sin planificación sobre un territorio que exige respeto, estudios y decisiones de largo plazo.