Lunes 20 de abril de 2026

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Los pecados de River: un plantel corto, un planteo liviano

La derrota expuso al equipo sin jerarquía ni variantes que dejó Gallardo y al error de cálculo de Coudet, que forzó a Vera contra Carabobo y ayer apostó por dos juveniles de 18 años para el mediocampo, justo la mayor fortaleza de Boca.

Los problemas de River que volvieron a quedar en evidencia en la derrota contra Boca no se remiten únicamente a estos 90 minutos sino que se originan hace rato, posiblemente en los errores de Marcelo Gallardo para dejar un plantel muy corto -por el dinero que además malgastó- y con muy poca jerarquía, acumulador de derrotas dolorosas, en todos los casos con el aval de una dirigencia que en los últimos tiempos acierta en lo institucional y se equivoca seguido en el fútbol.

El mal estado del campo de juego tras los recitales de AC/DC -los organizadores usaron más grúas de lo acordado- podría ser una síntesis: está muy bien que River progrese por fuera del fútbol pero, si el costo es desatender o fallar en lo principal, no hay dinero ni negocio que lo compense. Un poco en serio y un poco en broma, a principios de año se dijo en este columna que River tiene tantos delanteros como restaurantes.

Eduardo Coudet comenzó esa reconstrucción desde la defensa: primero el orden, algún día -tal vez, si se puede- el progreso. River sumó puntos -imprescindibles tras la avalancha de derrotas deshonrosas- pero no mejoró en el juego. En esa orfandad, el técnico se apoyó también en un mediocampo con lo poco que tenía, en especial en el tándem entre Aníbal Moreno y Fausto Vera, dos buenos jugadores acompañados por actores secundarios como Tomás Galván y Ian Subiabre. Por cierto, no hay que olvidar que en los últimos mercados llegaron Kevin Castaño, Juan Carlos Portillo y Matías Galarza, malos entendidos en la historia de River.

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En esa endeblez del mediocampo, solo una ausencia terminó por desarticular al equipo. Es cierto que un jugador se puede lesionar también en un entrenamiento, pero el Chacho no le dio minutos de descanso a Vera y con la seguidilla de partidos el ex Argentinos lo pagó contra Carabobo, esa victoria pírrica del miércoles pasado. Fue un primer error del técnico: ¿contra un rival menor no estaban para jugar ni Giuliano Galoppo -que ayer respondió físicamente de buena manera los 45 minutos que jugó- ni Santiago Lencina, también marginado? Vera tenía que parar en algún momento y no había mejor momento que lo hiciera antes que Boca.

Así fue el triunfo de Boca sobre River en el SuperclásicoAsí fue el triunfo de Boca sobre River en el Superclásico
Sin esa pieza clave, Coudet apostó para el superclásico a un mediocampo muy liviano contra uno muy en forma, el de Boca. Los hinchas de River saben de fútbol y reconocían en silencio, antes del partido, que el visitante llegaba mejor armado. Por posición natural, en lugar de Vera podría haber jugado Castaño, pero el colombiano ya es un caso perdido: o nunca entendió dónde está o su nivel es éste, otro jugador sin jerarquía de un plantel desbalanceado.

Con muy poco para elegir, el Chacho hizo una apuesta demasiado jugada por dos pibes de 18 años que, más allá de algunos destellos, poco habían hecho por ganarse la titularidad, Juan Cruz Meza y Kendry Páez, que pasó de suplente contra Carabobo a titular contra Boca en lugar del inexpresivo Ian Subiabre. El de River se parece a un mediocampo en oferta: el que juegue bien 45 minutos se gana el puesto.

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Encima golpeado por el cuerpo de cristal de Sebastián Driussi -el mejor delantero del plantel es también el menos confiable por su físico-, y con otra tarde inexpresiva de Facundo Colidio -un jugador con técnica pero que tras 120 partidos en la Primera de River no demostró jerarquía ni amor propio para esta camiseta-, fue natural que Boca comenzara a dominar la pelota. El mediocampo liviano de River no marcó a Leandro Paredes, lo primero que debía hacer, y así llegó la jugada del penal cometido por Lautaro Rivero, que este domingo coronó las dudas que muestra desde hace rato.

El ingreso de Galoppo, aún poco refinado técnicamente, le dio a River más presencia en el mediocampo. Salas, otro sin mucha ductilidad, también aportó corazón. El empate pudo haber llegado -como el segundo gol de Boca-, pero en el plantel no hay mucho más que eso, salvo algunos pibes, y en definitiva es muy poco: River necesita un mercado de pases con urgencia, tres o cuatro jugadores titulares. El 9 que los hinchas piden hace rato sigue sin llegar.

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Darío Herrera o el VAR podrían -o deberían- haber cobrado penal en la última jugada pero estuvo bien Coudet en no desviarse del foco. Este River en reconstrucción sufrió un golpe muy duro del que se tendrá que recuperar pronto, ya desde el sábado ante Aldosivi. Los octavos de final del Apertura están por llegar y Boca puede aparecer otra vez, esta por eliminación directa. Un plantel sospechado de fallar en las bravas quedó obligado a salir campeón: River no puede tolerar más frustraciones. El problema es que tantos errores en los últimos años lo obligan a que ninguna ficha del dominó se desbarranque.

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