Domingo 09 de agosto de 2026

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Malvinas: Cómo el saqueo de nuestro petróleo cambiará las islas

Empresarios, comerciantes y residentes del territorio ocupado reconocieron que la expectativa ahora está puesta en el desarrollo del proyecto Sea Lion. Los controles y las trabas para los visitantes argentinos.

La pesca sigue siendo la principal actividad económica. Pero en las islas se exportará petróleo a partir de 2028 Sin Credito
No es sencillo llegar a las Islas Malvinas. Tampoco es un destino cualquiera. Más allá de la histórica disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido, el archipiélago funciona como un territorio atravesado por una fuerte presencia militar británica, una economía cada vez más internacionalizada y una población donde los trabajadores extranjeros ya representan una parte sustancial de la vida cotidiana.

En marzo de este año, este cronista recorrió las islas junto al periodista Patricio De San y el cineasta Luciano Nacci, quien trabaja en la realización del documental Una isla, dos memorias. El objetivo fue entrevistar a habitantes del archipiélago, registrar distintas miradas sobre la vida en Malvinas y comprender cómo conviven, cuarenta y cuatro años después de la guerra, dos relatos completamente diferentes sobre un mismo territorio.

El acceso continúa siendo limitado. Para cualquier argentino es posible ingresar como turista utilizando únicamente el pasaporte. No se requiere visa, aunque las autoridades migratorias exigen informar el lugar donde se residirá, la cantidad de días de permanencia y los datos del alojamiento. Existen dos alternativas aéreas: el vuelo semanal de LATAM desde Punta Arenas, en Chile, o el que una vez por semana parte desde Río Gallegos, Santa Cruz.

El aterrizaje no ocurre en una terminal civil tradicional. El avión desciende en RAF Mount Pleasant, una enorme base militar británica ubicada a unos 50 kilómetros de Puerto Argentino —Stanley para los británicos—. Antes incluso de abandonar la aeronave aparecen hangares, aviones de combate, helicópteros, vehículos blindados y soldados uniformados. La dimensión del complejo militar deja en evidencia que la defensa continúa siendo el principal eje estratégico del Reino Unido en el Atlántico Sur.

El control migratorio es riguroso. Todo extranjero es inspeccionado y existen restricciones para ingresar determinados equipos, como drones. También existe especial atención sobre elementos que puedan ser considerados provocativos desde la perspectiva de las autoridades isleñas, particularmente aquellos vinculados con símbolos políticos relacionados con la disputa por la soberanía. Durante los primeros kilómetros posteriores al aterrizaje está absolutamente prohibido filmar o fotografiar instalaciones militares.

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Recién al abandonar el perímetro de la base aparece otro paisaje. El camino conduce hacia Puerto Argentino, una pequeña ciudad donde la vida parece transcurrir con tranquilidad y donde las diferencias políticas quedan, al menos en apariencia, relegadas a un segundo plano frente a las rutinas diarias de una comunidad pequeña y aislada.

Sin embargo, esa imagen inicial rápidamente comienza a transformarse. Este cronista comprobó que la composición social del archipiélago dista mucho de la imagen tradicional de una población exclusivamente británica. En las calles, en los hoteles, restaurantes, comercios y embarcaciones pesqueras predominan trabajadores llegados desde Chile, Filipinas, Sri Lanka, Pakistán, Zimbabue y otros países.

Diversos trabajadores chilenos que solicitaron preservar su identidad explicaron que eligieron radicarse en Malvinas por motivos estrictamente económicos. “Se cobra muy bien y prácticamente no existen impuestos al trabajo”, señalaron. También describieron que para obtener una residencia laboral resulta indispensable contar previamente con el patrocinio de una empresa local.

Las mismas fuentes describieron un esquema laboral particular. Afirmaron que los reclamos sindicales prácticamente no existen y que cualquier conflicto con el empleador puede poner en riesgo la continuidad laboral. “Si reclamás por un pago o por alguna cuestión laboral, podés terminar quedándote sin trabajo”, resumió uno de ellos, aunque aclaró que ese tipo de situaciones no suele repetirse con frecuencia porque la convivencia cotidiana suele desarrollarse sin grandes conflictos.

La principal actividad económica continúa siendo la pesca. El calamar constituye el recurso más importante y representa buena parte de los ingresos fiscales del gobierno isleño. Las licencias pesqueras entregadas desde la década de 1990 permitieron el desarrollo de una industria que actualmente involucra capitales británicos y españoles, además de compañías locales que operan asociadas con empresas internacionales. Entre ellas aparece Fortuna Ltd., una de las firmas históricas del archipiélago, vinculada al empresario Stuart Wallace, nacido en Puerto Argentino en 1954.

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Pero el futuro económico de Malvinas ya no parece depender únicamente del mar. En distintas conversaciones mantenidas durante la estadía, empresarios, comerciantes y residentes coincidieron en que la expectativa ahora está puesta en el petróleo. Las empresas Navitas Petroleum, Rockhopper Exploration y Borders & Southern Petroleum avanzan sobre proyectos de exploración y futura explotación de hidrocarburos offshore que podrían comenzar a producir comercialmente entre 2027 y 2028, modificando por completo la estructura económica del archipiélago.

Ese proceso también genera movimiento dentro de la propia comunidad isleña. Varias empresas locales comenzaron a prepararse para convertirse en proveedoras de servicios vinculados a la futura industria petrolera. Hoteles, transporte, logística, mantenimiento y servicios especializados aparecen como algunos de los sectores que esperan beneficiarse si finalmente los proyectos avanzan.

En ese contexto, una de las entrevistas más relevantes obtenidas para el documental fue con Andrea Clausen, jefa ejecutiva del gobierno de las Islas Malvinas y una de las funcionarias con mayor influencia dentro de la administración local.

Durante la conversación explicó que gran parte del abastecimiento comercial llega desde Europa. Según indicó, numerosos productos provienen principalmente del Reino Unido y España mediante barcos que realizan escalas logísticas en Montevideo antes de continuar hacia las islas. El reabastecimiento, sostuvo, suele realizarse una vez por mes, aunque reconoció que las condiciones climáticas o problemas mecánicos pueden provocar demoras y generar faltantes temporales de determinados productos.

Clausen también describió una sociedad profundamente dependiente de la inmigración. Reconoció la importancia de los trabajadores extranjeros para sostener la actividad económica y remarcó que el crecimiento de sectores como la pesca y los servicios requiere permanentemente mano de obra proveniente de otros países.

Respecto del vínculo con Argentina, la funcionaria fue clara. Explicó que las relaciones comerciales resultan difíciles debido a la disputa por la soberanía y sostuvo que las islas necesitan una mayor conectividad aérea con Sudamérica. Según señaló, esa posibilidad depende en gran medida de las decisiones que adopte la Argentina.

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Cuando la conversación derivó hacia el conflicto diplomático, Clausen mantuvo la posición histórica del gobierno isleño. Afirmó que, desde su perspectiva, “las islas son británicas”. Contó además que nació en Inglaterra y llegó siendo niña a Malvinas cuando su padre fue destinado a trabajar en el servicio postal local, desarrollando desde entonces toda su vida en el archipiélago.

La dimensión militar tampoco pasa inadvertida para quienes viven allí. Distintas personas consultadas durante la estadía describieron un incremento en la actividad de la base durante los últimos meses, con ejercicios, vuelos frecuentes y entrenamientos que forman parte de la rutina cotidiana de las fuerzas británicas. Para los isleños constituye un paisaje habitual; para cualquier visitante argentino representa un recordatorio permanente de que la disputa por Malvinas continúa abierta.

En las calles de Puerto Argentino conviven comercios prolijos, vehículos con volante a la derecha, supermercados abastecidos con productos británicos y una comunidad pequeña donde prácticamente todos se conocen. Allí viven alrededor de 1.800 personas, mientras que, de manera rotativa, la base de Mount Pleasant alberga aproximadamente 1.200 efectivos militares británicos.

Ese contraste resume buena parte de la realidad del archipiélago. Una ciudad tranquila sostenida por trabajadores inmigrantes, una economía que apuesta simultáneamente a la pesca y al petróleo, una gigantesca base militar instalada en pleno Atlántico Sur y dos memorias irreconciliables sobre un mismo territorio.

Para cualquier argentino, recorrer las islas implica mucho más que un viaje turístico. Significa observar de cerca un enclave donde la presencia británica se expresa tanto en la infraestructura militar como en la organización institucional, mientras la reivindicación argentina permanece vigente del otro lado del estrecho. Allí, entre banderas británicas, barcos pesqueros, proyectos petroleros y una comunidad multicultural, la disputa por Malvinas deja de ser únicamente un conflicto diplomático para transformarse en una realidad cotidiana que sigue escribiendo nuevos capítulos.

Página/12

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