El pasado sábado 7 de febrero por la noche se conoció la noticia de la muerte de Charly Barroso, un músico de amplia trayectoria en Bariloche.
Charly era sinónimo del pulso rítmico de la ciudad, integró diversas agrupaciones pero además se caracterizaba por ser invitado de lujo de otras tantas. Logró trascender generaciones acompañando a los que recién se iniciaban convirtiéndose en un sinónimo del rock cordillerano.
Su nombre quedó grabado a fuego en la historia grande de la música local como bajista en Mosca Roseta pero desde sus inicios compartió escenario con Luis Bravo, transitando durante años un mismo camino.
En una ciudad donde el clima moldea el carácter, Charly supo traducir esa crudeza patagónica en líneas de bajo sólidas que sirvieron de cimiento. Artistas de nivel nacional lo querían en el escenario en su paso por Bariloche y siempre estaba dispuesto a hacerlo.
Su generosidad lo llevaba a estar presente en conciertos de colegas, como alguien más del público pero era inevitable que lo sumaran en algunos temas.
Siempre quiso vivir de la música y es sabido que Bariloche suele ser muy cruel con sus artistas y lo hizo, aunque eso le costó un alto precio en su salud.
Mantuvo encendida la llama del rock incluso en los momentos donde los espacios culturales escaseaban. Su estilo musical siempre ha estado impregnado de una identidad local fuerte, lejos de las modas pasajeras.
Su hogar era el de todos, de puertas abiertas y una sala con instrumentos que invitaban a la creatividad. Bariloche pierde, quizás sin darse cuenta a un talentoso músico y enorme ser humano.