Lunes 09 de febrero de 2026

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Desplome de ventas en el sector textil en Flores

Persianas bajas, carteles de alquiler o venta sobre locales vacíos y poca circulación de personas entre vidrieras que exhiben ofertas y “liquidaciones por cierre”. La escena de la avenida Avellaneda, en el barrio porteño de Flores, es muy distinta al desborde de compradores con bolsas de consorcio llenas de ropa que se veía pocos años atrás. En un contexto de apertura de importaciones y de funcionarios del gobierno nacional que se jactan de comprar ropa en otros países, Página/12 recorrió las calles en donde se consiguen las prendas más baratas de la Ciudad de Buenos Aires, conversó con dueños de locales, empleados y compradores. A pesar de ostentar precios bajísimos, la caída de las ventas en estos comercios parece no tener fondo. La consecuencia es que hay cada vez más locales cerrados y más pérdida de puestos de trabajo.

“Las ventas bajaron a la mitad o al 60 por ciento el año pasado, en comparación a 2024”,cuenta a este diario Eli, dueña de “Antoni Giuston”, local de ropa femenina sobre avenida Nazca, a metros de Avellaneda. Muestra con orgullo las blusas y vestido con telas estampadas: “son todos productos hechos con manos argentinas, de la mejor calidad”, explica. Los precios son muy accesibles: “una blusa de manga larga de la nueva colección cuesta 25 mil pesos, pero también hay de 15. Vestidos tenés de 30 y 40 mil, todas piezas de diseño hechas a mano”.

En los últimos dos años, Eli vio cómo varios locales de su cuadra bajaron las persianas. Basta caminar en torno al cruce de Nazca y Avellaneda –el centro neurálgico de la zona– para verificarlo. “Los alquileres están altísimos, suben los servicios y las ventas caen. Es muy difícil”, comenta. Esta semana la crisis del sector fue noticia por los dichos del ministro de Economía, Luis Caputo, que contó que no compra ropa en Argentina. También por la respuesta que recibió de la exvedette y empresaria Marixa Balli, que tuvo que cerrar su marca Xurama luego de 20 años.

Los comercios más grandes están sobre Avellaneda. Las vidrieras compiten por la atención de los compradores con letras estridentes, incluso pintadas en aerosol rojo. Algunas marcas contratan personas con altoparlantes para anunciar a viva voz las ofertas: tres remeras por diez mil pesos, jeans a 20 mil, camisas y bermudas a 18. “Hay que atraer a la gente con ofertas, no hay otra forma”, comenta uno de los vendedores, que se asoma a la calle para atraer compradores. En el negocio en el que trabaja pusieron un cartel de “liquidación por cierre”. Durante 2025 despidieron algunos empleados y les bajaron las horas de trabajo a otros, cuenta. “Están cerrando varios locales por el costo de los alquileres. Los que tienen dos o tres, dejan solo uno y concentran todo ahí”, agrega.

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Federico es el dueño de “Dogma”, local de ropa de hombre que lleva 20 años en el mismo lugar, en Avellaneda entre Nazca y Argerich. Según sus cálculos, la caída en las ventas en 2025 fue del 45 por ciento y en la tienda online fue aún peor. “Los primeros meses del año habían sido buenos, pero después bajó rotundamente y sigue en baja”, comenta. La suba del alquiler complica las cuentas, pero el principal problema es que las ventas no repuntan. “Mantuvimos los precios todo el año pasado. Hay cosas incluso más baratas que un año y medio atrás: tenemos jeans por 20 mil pesos, promociones de tres remeras también por 20. Es un precio que no existe, y aún así cuesta muchísimo vender”.

Entre los carteles de Avellaneda, se destaca una suerte de pasacalles que cuelga debajo de la tienda “Lado oscuro”. “GRAN BARATA. Precios desde $2500, ¿te lo vas a perder?”, dice el cartel en improvisadas letras pintadas con aerosol. Entre hileras de remeras y buzos colgados, al fondo del local está Juan, el dueño. Define lo ocurrido en el último año como una “super caída en la actividad”. “El 2025 fue bastante agresivo y se notó muchísimo en Flores. Mientras veía en las noticias cómo subían las compras en páginas chinas y se abrían las importaciones, acá se veía que la gente en la calle cada vez tenía menos plata“, cuenta.

Juan tiene dos locales en la zona y “lamentablemente tuvimos que despedir gente”, advierte. Trata de hacerle frente a la crisis con precios bajos: “vendemos muy barato, con precios más bajos que el valor de la ropa traída de China. Pero no es suficiente, nos cuesta mucho vender”, cuenta. El local vende solo a mayoristas: jeans a 15 mil pesos, remeras a 3500, “que son menos de 2,5 dólares”. Lleva diez años como comerciante en el barrio, su local se ganó un nombre y reconocimiento. “Antes vendíamos muchísimo, pero creo que la caída es parte de la caída general del consumo. La gente no tiene un mango”,concluye.

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El último informe de la Fundación Pro Tejer tradujo en estadísticas lo que viven día a día estos vendedores. En septiembre de 2025, la industria textil registró una caída del 20 por ciento interanual y de un 27,8 por ciento en relación a 2024. El empleo asalariado registrado cayó en promedio un dos por ciento, y en el sector textil en un 12 por ciento. Es, junto a la construcción, el rubro con mayor impacto negativo en el empleo. La Fundación calculó que se perdieron 14 mil puestos de trabajo, a los que se suman los trabajadores no registrados, que abundan en el mercado textil.

La contracara de estos números es el aumento de la importación de productos textiles. En el informe advierten que el aumento fue del 89 por ciento interanual en 2025 en cantidades y del 61 por ciento en valores. “Todos los rubros registraron aumentos en sus cantidades y montos importados. A su vez, en todos los casos las cantidades aumentaron más que los montos importados, lo que significa que se está importando a menores precios“, dice el informe.

Menos compradores y locales vacíos
La crisis se manifiesta de muchas maneras. Una medida infalible es la cantidad de personas que circulan por la calle. “Hay mucha menos gente circulando, eso es notorio, y solo compran cuando hay ofertas grandes”, explica Federico. Si bien la zona mantiene un ritmo frenético, cualquiera que haya ido en otro momento nota la merma en la cantidad de personas. También en la dimensión de las bolsas: ya no se ven compradores a los que le faltan manos para sostener bolsones de consorcio o incluso valijas.

Adriana y Liliana conversan en la esquina de Avellaneda y Argerich, en una pausa entre el ajetreo de las compras. “No somos del barrio, pero venimos acá desde hace mucho tiempo a comprar”, cuentan. “Los precios están muy muy bajos. Como está ahora yo no lo vi nunca”, opina Liliana. Sin embargo, “veo poco movimiento y cada vez más locales en alquiler”.

Ambas coinciden en que el problema es la ropa importada. Ellas se niegan a abandonar la costumbre de salir a comprar juntas y de adquirir ropa argentina. “Está todo en liquidación: remeras de muy buena calidad a cinco mil pesos; conjuntos de pantalón de vestir con chaleco a 12 mil; las chaquetas son de 15 milímetros. Antes todos eran mayoristas, pero ya todos venden al por menor para sobrevivir”, explican.

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A pocos metros, sobre Argerich, apoyado contra un poste, un hombre de unos cuarenta años descansa con un bolsón a sus pies. Su nombre es Luis, es uruguayo y, como su hermana vive en Buenos Aires, aprovecha las visitas para comprar barato en Avellaneda. “Al lado de Uruguay, la ropa de Argentina es barata. Siempre vengo acá. Cuando estoy de visita dedico un día entero a Avellaneda. Tengo una hija chica y le compro ropa para todo el año”, dice, jactancioso y cansado.

Las calles perpendiculares a la avenida central de compras están casi vacías. La menor cantidad de personas es inversamente proporcional a la cantidad de locales en alquiler: sobre Argerich, entre Aranguren y Morón –a solo dos cuadras de Avellaneda–, se ven más locales en alquiler que en actividad.

Una cuadra más hacia el oeste, en la calle Helguera, la situación es todavía peor. Es una subzona de locales de ropa deportiva. En uno de ellos trabaja Sofía. “Las ventas vienen cayendo desde hace dos años. La temporada de diciembre no fue como esperábamos”, se lamenta. La marca para la que trabaja tiene tres locales en Flores que, por ahora, se mantienen en pie, aunque también despidieron personal. “Tuvimos que reducir personal. Éramos diez vendedores y despidieron a tres. A otras les bajaron el horario”, precisa.

La otra medida de la crisis son los locales en venta o alquiler. “Antes cuando cerraba un local, al toque se ocupaba. Ahora cierran y no vuelven a abrir, es algo que nunca pasó”, explica Federico, y señala las persianas metálicas que se ven desde el mostrador de su tienda. Es una tendencia que se replica en toda la Ciudad de Buenos Aires. En el relevamiento de noviembre–diciembre de 2025, la Cámara Argentina de Comercio relevó que en las principales áreas comerciales se registró una suba de 26,9 por ciento de locales vacíos en comparación al mismo período de 2024. La zona de Avellaneda fue la más perjudicada: el aumento de locales en alquiler fue del 100 por ciento, dice el informe.

Página/12

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