Más de 800 muertos y por lo menos, 2.500 personas han resultado heridas y cientos de viviendas han quedado destruidas por un terremoto de magnitud 6 que estremeció a Afganistán. A ese desastre de tipo natural se suma la deficiente estructura logística que tiene el régimen talibán para ayudar a los necesitados, por lo que, sin duda, esos números irán en aumento.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ubicó el epicentro, a 27 kilómetros al este de la provincia de Nangarhar y a una profundidad de ocho kilómetros, lo que suele amplificar el poder de destrucción. Al temblor inicial, le siguieron al menos otras dos réplicas de magnitud levemente infrerior, 5,2 en la escala de Richter.
El Centro de Información y Medios del Gobierno afgano ha confirmado al menos 800 muertos y 2.500 heridos en la provincia de Kunar, la más afectada, 12 fallecidos y 255 heridos en Nangarhar, 58 lesionados en Laghman y otros cuatro en Nuristán.
En Kabul, la capital, las autoridades sanitarias han indicado que los equipos de rescate trabajan contrarreloj para llegar a aldeas remotas en una región con un largo historial de terremotos e inundaciones. Sin embargo, el régimen talibán – que regreso al poder en 2021 con sus restricciones impuestas por aplicar férreamente la sharía, la ley musulmana- han hecho que el país permanezca entre los más atrasados de la Tierra. Por consiguiente, no está en condiciones de llevar la mejor respuesta y ayuda a la población damnificada.
Además, un informe de la misión de la ONU en el país (UNAMA) junto a la «Media Luna Roja» (la Cruz Roja en el mundo árabe) intentan compensar las falencias que tiene el régimen talibán para este tipo de catástrofe. En la zona más afectada, la población vive mayoritariamente en precarias viviendas de barro y paja. Construcciones, por tanto, extremadamente vulnerables a los terremotos y que colapsaron por completo.
