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viernes, 21 junio , 2024

Argentina fue ampliamente superior a Ecuador y sumó un triunfo en la previa de la Copa América

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La Scaloneta se volvió a lucir y se quedó con la victoria gracias a un gran gol de Ángel Di María, que fue el capitán mientras Messi estuvo en el banco.

Argentina -perdón, la Scaloneta- es el campeón mundial de la seriedad. En un ispa como el nuestro, insensatez, irresponsabilidad, joda, bicicleteo, chamuyo, el verso tan a la orden del día, hay unos tipos de celeste y blanco que hacen lo suyo con madurez, rectitud, respeto a eso que hacen y al público que ve eso que hacen.

La Scaloneta puede ganar, perder, empatar, jugar mejor o peor, pero lo hace con compromiso. No regala prestigio. Es campeón del mundo y no se duerme en los laureles. Juega con los dientes apretados. Hasta en los entrenamientos.

El partido de este domingo, en el Soldier Field de Chicago (más de 50 mil personas, entradas entre 80 y mil dólares), no fue nada amistoso. Hubo pierna fuerte, patadas, manotazos, reclamos, discusiones. Un partido de Eliminatorias. Un cuartos de final de Copa América. Y está bien. Mejor esto que jugar contra los isleños de Curazao.

Ecuador se ordenó bien, corrió, metió, mordió, pegó y movió la pelota cuando pudo, sobre todo cuando la tuvo -aunque poco- Kendry Páez, el 10, la figurita de 17 años de Independiente del Valle que fue vendido al Chelsea pero que estará ante Boca por la Sudamericana.

Así, ante un duro y áspero rival, fue un ensayo serio y muy en serio. Nadie regaló nada. Nadie cuidó nada. Basta con ver la cara de bronca de Angelito cuando perdió una pelota zonza en tres cuartos con Caicedo (siempre hay un Caicedo en Ecuador y el que jugó ayer estaba en todos lados). Basta con ver la entrada con los dos pies hacia adelante de Caicedo a Lautaro. Basta con ver los manotazos entre De Paul y Caicedo (sí, otra vez).

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Pero a ese compromiso, a ese esfuerzo, a ese músculo, a ese no esquivarle al roce, a ese no jugar en puntas de pie y sí jugar bien plantado, Argentina le agrega un condimento que le da tanto sabor al asunto: fútbol. Ahí está el gol: el Cuti Romero, que es capaz de comerte la yugular y el hígado con esa carita de nene que acaba de salir de misa, también es capaz de hacer ese enganche en el borde del área para habilitar a Di María y generar los aplausos de un Messi sentado en el banco de suplentes.

Un ejemplo de esa seriedad, de ese compromiso, lo muestra Julián. No jugó de doble 9. El 9 fue Lautaro y Julián tuvo que jugarle como le juega al Androide Haaland. Se movió más que nada sobre la izquierda y muchas veces tuvo que tirarse bastante atrás para recibirla (principalmente en el PT). Le costó desbordar. Le costó hacer pie. No se lo vio preciso, pero así y todo no paró de presionar, de correr, de meter. Con la misma voracidad que el Cuti, Licha Martínez o el Huevo Acuña marca Julián.

No pareció la mejor decisión que jugara tan lejos del área, pero qué decir: Scaloni entró, merecidamente, en esa categoría de entrenadores que todo lo que hacen es por algo y está bien. Puede sacar a Messi y Julián y poner a Chiqui de 10 y a Omar Souto de 9 que va a estar bien.

Leo jugó unos 35 minutos. Entró cuando el partido ya estaba en una meseta, cuando ese cable de alta tensión corcoveando que había sido el encuentro durante muchos tramos ya había bajado en intensidad. Tuvo un par de toques, pero sobre todo (y lo más importante) tuvo minutos de fútbol de alta competencia y zafó de las patadas de los ecuatorianos.

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Con un funcionamiento ya aceitado más allá de los nombres (por ejemplo, sin la necesidad de contar 100% con Leo y con Lautaro aún sin ser el del Inter), la Scaloneta ganó y muy bien. Con su sello: fútbol, compromiso, seriedad. Mostró lo de siempre y mostró, también, que hay recambio.

El próximo partido, ante Guatemala, el viernes a las 21 horas, pinta más amable, teniendo en cuenta que seis días después ya se vendrá el debut contra Canadá en la Copa América, un torneo en el que podrá revalidar su título o no, pero en el que estará a la altura. Como siempre.

OLÉ

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