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miércoles, 22 mayo , 2024

El sueño menemista de Javier Milei y un homenaje a la década del 90′

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«Les duela o no, ha sido el mejor presidente de la historia», dijo el libertario tras descubrir el busto de Carlos Menem en el Salón de Honor de la Casa de Gobierno. Participaron familiares, amigos y exfuncionarios del exmandatario.

A diferencia de Mauricio Macri y la cohibida tribuna de nostálgicos menemistas, Javier Milei no oculta su devoción por Carlos Menem. Lo dice abiertamente, lo toma como referencia e incluso lo reivindica sin matices: desde el modelo económico y la conducción política hasta el indulto a los genocidas. En un sentido homenaje que le brindó ayer en la Casa Rosada, el libertario describió al exdirigente peronista como «un líder superlativo» y se mostró orgulloso de cumplir su legado. «Fue el mejor presidente de la historia», sentenció, al recordar –con lágrimas en los ojos– su extensa trayectoria. Con un nudo en la garganta, el libertario también contó que el exjefe de Estado le auguró en 2019 que algún día ocuparía el sillón de Rivadavia.

La colocación de un sonriente busto de Menem en el Salón de Honor de la Casa de Gobierno fue el escenario que Milei utilizó para defender las reformas neoliberales de la década del 90′ y de hoy. El tributo, a 35 años del triunfo electoral de 1989, congregó a familiares, amigos y exfuncionarios del riojano con integrantes del actual gabinete. Por la alfombra roja del Palacio de Gobierno, personajes de antaño como «Zulemita» Menem, Carlos Corach, Alberto Kohan y Carlos Ruckauf intercambiaron palabras, besos y abrazos con Karina Milei, Guillermo Francos, Sandra Petovello y Martín Menem, entre otros. La previsible ausencia de Victoria Villarruel no pasó desapercibida. Nadie se olvida que la vicepresidenta calificó de «nefasto» y «delincuente» al exmandatario y mandó a sus «aplaudidores» a leer libros de historias.

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El último en llegar al acto fue el primero en ser saludado por Milei. Ni bien ingresó al salón, el Presidente estrechó su cuerpo con el de su exempleador, el empresario Eduardo Eurnekian. Luego fue a buscar a «Zulemita», la encargada del evento y de filtrar las más de 80 invitaciones que se cursaron. «Quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón que finalmente se concrete», dijo tras descubrirse el busto de su padre, a quien definió como un «caballero de la política». Estuvo acompañada por su pareja, el expresidente de River, Rodolfo D’Onofrio. Su madre, la exprimera dama Zulema Yoma, no pudo asistir por problemas de salud.

Minutos después habló Eduardo Menem. El exsenador se ocupó de resguardar la figura de su hermano frente a las múltiples acusaciones de corrupción. “Nunca tuvo una condena firme hasta el día de su muerte”, remarcó respecto a la docena de denuncias que acumuló en sus dos presidencias; la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia y el encubrimiento del atentado a la AMIA, entre otras. En ambas terminó absuelto. Sí fue condenado por el pago de sobresueldos a funcionarios y la venta a «precio vil» del predio de la Sociedad Rural.

La revancha menemista
Por si quedaba alguna duda, Milei ayer lo volvió a dejar en claro: no pretende ser el «segundo tiempo» macrista, sino la revancha menemista. Cuando rememora al riojano, se ve reflejado. «Su primer cargo público fue gobernador, no tuvo escala previa en el Estado», subrayó y lo incorporó a su relato anticasta. «Fue del sector privado a la gobernación.
Ese es el detalle que más lo distingue respecto al 99 por ciento de los políticos de esa época», agregó. En el juego de las supuestas similitudes con su carrera política, Milei también destacó que Menem recibió «una catástrofe hiperinflacionaria» y que en 1999 «entregó un país ordenado, estable y con un PBI per cápita 60 por ciento más alto». Dato más, dato menos, es el destino que el libertario anhela para el final de su gestión. En el tramo de la herencia, sin embargo, evitó referirse a los altos niveles de desocupación y precarización laboral, al feroz endeudamiento externo y a la bomba de tiempo que implicó la convertibilidad.

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En el plano internacional, el Presidente resaltó la política de relaciones carnales con Estados Unidos y aseguró que en esa década la Argentina se ubicó entre «los protagonistas emergentes de la nueva globalización». Asimismo, afirmó que en 1994 Menem «modernizó las instituciones a través de la Reforma Constitucional más consensuada de la historia» y que lideró el país con «audacia, intuición y pragmatismo». Se tomó, además, unos minutos para defender las privatizaciones. “Frente a las críticas y el tema de la joya de la abuela, y todo… son las críticas que hacen los mediocres para desprestigiar las cosas buenas que se hacen», dijo y concluyó: «Les duela o no, ha sido el mejor presidente de la historia».

A la sentencia, Milei intentó darle un “argumento científico”. Citó un estudio realizado por Gerardo Della Paolera, director ejecutivo de la Fundación Bunge y Born. Lo que omitió decir es que fue esa misma empresa la encargada de designar a los primeros ministros de Economía menemistas: Miguel Angel Roig y Néstor Rapanelli.

Olvido y perdón
Entre elogio y elogio, Milei dedicó un tramo de su discurso a reivindicar el indulto de Menem a los genocidas. Recordó que estuvo preso durante la dictadura y que los militares le prohibieron un pedido especial para ir al velatorio de su madre en La Rioja. «La persona que se lo niega fue el general (Albano) Harguindeguy», mencionó, para después destacar que el primer indultó que firmó el expresidente fue justamente al exministro de Interior de Jorge Rafael Videla. «Para él, lo más importante era pacificar a la Argentina, eso estaba por encima de las cuestiones personales. Ese era Menem», concluyó y despertó el furioso aplauso de los invitados.

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El presagio de Carlos
A modo de anécdota personal, el libertario narró un momento de intimidad que vivió con el expresidente. Contó que a raíz de los elogios que le dispensaba en televisión, Menem lo invitó a su casa, lo saludó «con mucho afecto» y le lanzó un presagio: «Me dijo: ‘vos vas a ser presidente de la Argentina, pero lo vas a hacer mejor, porque vos no solo tenés la intuición y el coraje, sino que tenés el conocimiento’”. Según el relato de Milei, él le contestó que «odiaba la política», a lo que el riojano le retrucó: “Vos escúchame, nunca me equivoco”.

El augurio de Menem se cumplió y el sueño menemista de Milei está en marcha. El revival, sin embargo, no será sencillo. A diferencia de hace tres décadas, las reformas neoliberales no cuentan hoy con el paraguas del PJ, las mayorías parlamentarias ni el acompañamiento de dirigentes sindicales. Otro dato no menor es que Milei tampoco es Menem.

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