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jueves, 29 septiembre , 2022

Así se produce carne orgánica en la Patagonia

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Con buen manejo del agua y los recursos forrajeros, la Estancia Los Ñires, en Chubut, logra producir novillos de 416 kilos sin encierre.

A veces sólo se necesita ponerle cabeza, inteligencia, a un proyecto o empresa para evolucionar. Otras veces se necesita inyectar dinero, invertir. Ahora bien, cuando ambas cosas pueden conjugarse pueden darse cambios maravillosos y proyectos duraderos.

Esta amalgama sucedió en la Estancia “Los Ñires”, en Chubut, donde desde 2016 se hermanaron la inteligencia con la puesta en valor de la actividad ganadera, a partir del diseño de un plan, convicciones y con un horizonte claro hacia dónde ir. El campo está cerca de Esquel, al oeste de la provincia de Chubut, en plena cordillera de los Andes, a 10-15 kilómetros del límite con Chile.

Hace 5 años, la familia dueña del establecimiento, las hermanas Liliana y Mariela Prada (también forma parte de la sociedad su marido Gabriel Berczely) incorporaron como administrador y socio a Arnold Evans, un ingeniero agrónomo que durante muchos años recorrió estancias patagónicas haciendo inseminación artificial en ovinos.

“Los Ñires” hace casi 100 años es propiedad de la familia Prada. Una de sus dueñas, Mariela, contó: “Buscamos la mejor carne orgánica, eso implica esfuerzo y perseverancia, metas claras y mucha pasión, porque las condiciones no siempre son fáciles”. “Estamos a la vanguardia de la producción de un alimento saludable, con animales con pastoreo libre todo el año, sin encierres, sin anabólicos, ni aditivos u hormonas, es carne 100 por ciento natural, de vacas felices”, dijo Prada.

“Cuando empecé había 200 vacas madres, hoy hay casi 400; se compraban 2000 fardos de pasto para suplementar y hoy se producen más de 20.000 fardos propios; había lotes llenos de yuyos que hoy se pusieron en producción; todo con un plan con objetivos a 3 y a 5 años, con inversiones en alambres, manejo y pasturas”, contó a Clarín Rural, Evans, quien mostró esa evolución en una reciente jornada organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).

“Los Ñires”, donde se hace la cría y la recría, tiene 5000 hectáreas en total, con 2500 de veranada (con bosques de lengas) y 2500 de invernada (con bosques de ñires). Sólo 100 hectáreas están libres de bosque. Además, en el nuevo plan, desde hace dos años, se ha incorporado al sistema una chacra propiedad de Evans, en el valle de Trevelin donde se pueden producir forrajes para apuntar al ciclo completo.

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Las zonas de alta producción en la zona de cordillera tienen entre 6000 y 8000 kilos de materia seca. Se puede trabajar con uno o dos animales por cada hectárea.

Los cambios

Se trabajó sobre el potencial que tienen en esas sólo 100 hectáreas que no tienen bosque de las 5000. Se empezaron a hacer canales de riego, se sembraron pasturas y se empezó a producir forraje.

Los campos de invernada son altos, están entre 600 a 850 metros sobre el nivel del mar, tienen pasto natural que le dura a la hacienda un mes y medio a dos meses y después se tapan con nieve. Una vez que se le termina el pasto natural que es trébol, pasto miel y timote, empiezan a comer la caña de colihue, una planta natural de la cordillera a la que todos los años le crecen hojas. “En esos campos tiene que ir hacienda con muy buena dentadura porque es una hoja dura, de lo contrario van a sufrir mucho porque le va a costar arrancar la comida”, apuntó Evans.

“Se hizo mucho hincapié en el tema alambres, en estos años se hicieron 60.000 metros de alambres nuevos, porque eso permite controlar la hacienda con menos personal”, contó Evans. Cuando entró tenían 4-5 empleados y ahora son sólo dos. “Y los dos que estamos trabajamos menos que cuando había 5, por el hecho de tener callejones para llegar a los cuadros y todo bien distribuido y organizado”.

Además, se hizo un corral todo nuevo y automático, por donde la hacienda circula muy bien, “siempre pensando en el bienestar animal, no se trabaja con perros en los corrales, todas cosas que permiten trabajar tranquilos”, apuntó Evans.

Hasta el año pasado, en la recría se le daban rollos y algo de balanceado para que puedan pasar el invierno, y este año empezamos con silobolsas, hay alrededor de 110 metros lineales de avena y pasturas.

“También estamos haciendo un uso sustentable del bosque, avalado por la Dirección de Bosques de la provincia, que nos permite cortar algunos pocos árboles de lenga y con esa madera se han hecho corrales y otras estructuras, y también leña, es un bosque muy viejo y hay mucha leña seca que se ha ido sacando un poco”, contó Evans.

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“Estar atentos”

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En un lugar donde sobra radiación en los meses estivales, es clave contar con agua que le de el impulso de crecimiento a pasturas y pastos naturales. Y para eso, en campos que están tan cerca de la cordillera, la clave es encauzar bien el deshielo que proviene de la montaña.

“Acá, todos los arroyos vienen de la cordillera, se riega por canales a curva de nivel, lo único que hay que hacer es largar el agua y después cortarlo, es cierto que tiene una inversión inicial elevada pero después te queda para toda la vida, sólo hay que mantenerlo”, contó Evans.

También hay que tener “muñeca” para hacer un buen manejo. “El año pasado, para esta época había 70 cm de nieve y llegamos a tener 1,40 cm, y ahora no la tenemos, hay que estar encima, despierto y atentos para cambiar los animales de cuadro”, advirtió Evans.

Ganar kilos en la chacra

La chacra ubicada en el valle de Trevelin cuenta con 270 hectáreas, de las cuales sólo 70 hectáreas están limpias. El resto es bosque. Es un faldeo que va desde el valle hacia la cordillera y hay muchos lugares que no sirven para nada y otros muy buenos.

Así, armaron un lote de 19 hectáreas dividido en 6 potreros de 3,3 hectáreas cada uno. Allí, este año se engordaron 97 novillos.

“Los terneros, el año pasado llegaron a la chacra con 264 kilos promedio y la idea es que incorporen a pasto entre 800 a 1,2 kilos por día desde noviembre hasta los primeros días de abril, que llegan con 416 kilos de promedio engordados a campo”, relató Evans. Las ventas son en un frigorífico de Trevelin y en otro de Río Gallegos.

Desafíos en la región

En una zona que tiene 4-5 meses muy buenos y después todo es complicado con la nieve y los accesos, todo debe cuidarse al extremo y cautelosamente. No sobra nada. Por eso, además de lo productivo, si las políticas son erráticas afectan seriamente proyectos que usualmente son de largo alcance para el recupero.

Consultado sobre los desafíos para la producción de carne vacuna en la región, Evans, apuntó: “Desde el gobierno, que no cierren las exportaciones, que es algo anti productivo, si uno dijera que sirve para que a la mayoría del pueblo le llegue la carne barata podría entenderse, pero no es así, porque cuando un negocio deja de ser negocio la gente se retrae, se empieza a vender las vacas madre y después cuesta mucho rearmar planteles”, opinó Evans.

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El administrador de Los Ñires también puso un mojón en el inconveniente que representa conseguir “gente para trabajar en el campo”. “Antes sobraba y ahora cuesta mucho conseguir empleados que quieran venir a trabajar”, advirtió.

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Lo cierto, es que, para Evans, todas estas cosas “desalientan a los dueños de los campos a invertir, porque la inversión es muy grande, sea para comprar un tractor, hacer un corral o alambrar… y por ahí, un kiosco bien ubicado en una avenida te deja más dinero que un campo de 5000 hectáreas, por eso, muchas veces, estos proyectos pasan más por pasión que por que sea negocio”.

“En Chubut y Santa Cruz hay cientos de estancias de 20.000 hectáreas abandonadas, si hacés la ruta de Puerto San Julián (al este de Santa Cruz) a Gobernador Gregores (al oeste, en el centro de la provincia), son 200-300 km a lo ancho de la provincia de Santa Cruz con muchos campos despoblados”, lamentó Evans, que conoce mucho toda la Patagonia y sus estancias por haber trabajado en inseminación ovina durante varios años. “Es una tristeza muy grande porque tengo amigos que eran dueños de esos campos y es imposible volver a ponerlos en funciones”, dijo.

En lo productivo, Evans consideró que el desafío tiene que ver con seguir apuntalando la genética, el riego o ampliar un poco la superficie sembrada. “El 95% de la estancia se hizo en estos 5 años, hemos avanzado mucho, la carga esta bien pero no se le puede poner más hacienda, el cuadro de veranada, donde están los animales de diciembre a abril, en junio-julio puede llegar a tener hasta 2 metros de nieve, por eso, mucho más, por las condiciones geográficas y climáticas, no se puede hacer”, aportó.

“Lo que hemos hecho en Los Ñires, por suerte, para algunos es contagioso y han empezado a hacer canales y pasturas, etc”, apuntó Evans. Y cerró: “Hace dos años que los dueños no tienen que ingresar dinero extra a la actividad para sostenerla, todo se hace con recursos propios, y eso es una gran satisfacción”.

Fuente: clarin.com

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