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Maravilla Martínez: “Es muy difícil ser boxeador y tener una vida normal”

A menos de un mes de su regreso al ring, el ex campeón habló con Olé. Su infancia pobre, la pierna que casi le amputan, las ganas de revancha, los monólogos, Dios, el “salí de ahí Maravilla”. Un ídolo bien íntimo.

Madrid, municipio de Valdemoro. Calor, como 30 y pico de grados. Afortunadamente el agua no llega a 100 porque, si no, el mate se arruinaría. Sergio Maravilla Martínez está a menos de un mes de su regreso al boxeo. Será en Torrelavega el 21 de agosto (a las 19 por TNT Sports) frente al español José Miguel Fandiño, de 36 años, nueve menos que el quilmeño, quien atiende a Olé en larga entrevista que consume un termo completo. Aquí, el diálogo con el ex campeón superwelter del CMB y mediano CMB y OMB, que no pelea desde el 2014 y desde el sábado conducirá con la Tuti Bopp una serie de 13 capítulos (Escuela de Boxeo) por DeporTV.

-Hay que tener ganas de volver a transpirar y golpearse a los 45…
-Me encanta. Ya llevo dos años con la intención de querer volver, dos años donde reacomodé mis hábitos. Me había pasado cuando, en el 2017 hice una película, que me pidieron subir de peso. Me dijeron subí 8, 10 kilos, y subí 25. Estaba pesando 101 kilos, una locura. Y no podía bajar, estuve un año entero y no podía. Fue proponerme volver a boxear, reacomodé mis ideas. Y eso hizo que pudiese tomar mejores hábitos, respetar los horarios de cada comida, del descanso. Y eso, a los 45, lo estoy disfrutando, cada día lo disfruto más.

-¿Cuesta con todas tus actividades?
-Cuesta pero me encanta porque tengo que administrarme mejor, me ayuda a darle el valor a cada minuto. Los entrenamientos son duros, llevo dos años ya entrenado que me muero. Estos últimos 45 días hacía tiempo que no me pasaba que me arrastraba. Bajo del coche, veo unas escaleras que tengo en mi casa para subir y las miro, las miro como el toro al torero diciendo “uno de los dos no llega con vida”. Me pasa que tengo que saber administrarme bien los tiempos. Quiero hacer todo, pero hay cosas que estoy dejando de lado. Las actuaciones las fui dejando, con esto de la pandemia cortamos las funciones, Teníamos tres funciones por semana, está buenísimo, me encanta, es una cable a tierra. Además estoy con un proyecto de teatro. Estoy esperando que pase el combate. Faltando un mes para el combate es muy difícil que me pueda dedicar a otra cosa.

-¿Por qué volvés? No por dinero…
-En ese sentido estoy bárbaro, estoy bien. Tengo una buena vida, está solido gracias a que las empresas están funcionando. Yo pasé el final de mi carrera enfocado en poder afirmar mi futuro, que hoy está firme. Lo veo como una buena aventura, un buen desafío, me encanta este desafío. En realidad era a los 43 años…

-Claro, contra Chávez…
-Claro, era con Chávez. Pero no apareció para firmar el contrato. Viajé a Kiev, Ucrania, para la convención del 2018. Nos juntamos el equipo de él y el mío, pero faltó él. Me quedé clavado ahí, el combate que tenía que haber sido en el 2018 se quedó en la nada. Teníamos la fecha 17 de noviembre en el Mandalay Bay, un estadio grande, montonazo de gente, muy buena velada. Pero Chávez no apareció, tiene sus mambos en la cabeza, yo qué sé…

-Es difícil el boxeo…
-Es muy dificil ser boxeador y tener una vida normal. Para ser boxeador, en algún momento en tu cabeza tenés que tener alguna carencia. Por lo general, suelen ser carencias afectivas, que son las duras, las que van por dentro. Chávez y otros tantos boxeadores tuvieron una infancia dura. Junior tenía dinero, nada más, era un pibe pobre con dinero. No había mucha diferencia entre su infancia y la mía. Yo fui pobre sin dinero, él fue pobre con dinero. En casa faltaba la comida. Con ese tipo de cosas se crece, se madura, se vive y, al final, se muere.

-¿Cómo influye lo de la rodilla y la historia que tenes con eso?
-Estuve con morfina, con corticoides , estuve arruinado. El 4 de enero del 2013 me dijeron “tenemos que operarte porque, si no, te tenemos que amputar la pierna dentro de cinco horas porque tenés una infección muy fuerte”. Me dijeron que me tenían que cortar la pierna o me podía morir. Morir, muerto, es verdad. Yo, como tengo la cabeza tan dura que a veces no pienso, me empeciné que haciendo no sé qué locura iba a evitar la operación y la amputación. Y tuve la bendición esa vez, tuve la varita mágica que me tocó la cabeza y dijo “todavía no te toca”. Entonces, después de pasar por eso, después de estar años y años con muletas, de tener un dolo increíble, infernal, de prácticamente no poder vivir por el dolor, encontraron que me calman el dolor. Y ese día digo, en broma, pero en broma, eh, “muchachos, vuelvo”. A la semana eso se convirtió en realidad y se convirtió en que el 28 de abril del 2018 regresé de Buenos Aires a Madrid, donde llegué el 29 a las 6 de la mañana y a las 10 ya estaba entrenando. De repente algo se encendió en mi cabeza, encontré una motivación muy fuerte y encontré una activación. Llegué con 100 kilos, era una tortuga. Hablé con mi entrenador y le dije que mi idea era tomarme seis meses de preparación y hacer un combate con Chávez. En un ring, más allá de que pudiera ser chiquito, mediano o grande, quería concretar eso. Por las cosas que pasé yo, quiero que esto sea una revancha para mí.

-¿Cómo te ves hoy en el ring?
-Aprendí a golpear mejor, conecto mejor el golpe. Cuando recibo un golpe, también. Claro, es experiencia, y estoy pelado, jaja. Es experiencia y esas cosas de zorro viejo que aparecen cuando uno carece de algunas cosas y se potencian otras.

-¿Tenés miedo al papelón?
-Me encanta. Porque es una cosa acá dentro, como un hormigueo que digo “macho, entrená más porque Fandiño está entrenando el doble”. Y me gusta ese desafío, me gusta porque está bueno, porque hay cierto peligro, debe ser locura, un mambo que tengo en la cabeza. Porque, si no, me podría ir a vivir al Caribe, porque podría hacerlo. Me iría a vivir a Marbella frente a la playa como un dios. Sin embargo, estoy en un gimnasio chiquito todos los días, entrenando como un animal. Y con este desafío teniendo que mirar a los ojos a Fandiño, enfrentarme a él, teniendo que recibir golpes, porque sé que él va a conectar golpes. Solo en mi cabeza está cómo responderé, y está buenísimo tener esa incertidumbre, de las pocas que me gustan.

-Si te va bien… ¿después qué?
-Hay que ver cuáles son las sensaciones. Si estoy ahí arriba y me siento incómodo, me siento ridículo, mal, triste, que los golpes me duelen, digo “muchachos, hasta luego, buen provecho, buenas noches y adiós”. Pero también está la otra posibilidad, que lo haga bien, que golpee bien, con velocidad y con potencia. Y que al otro día el teléfono suene, porque puede sonar, y entonces voy a andar preparado. Me preparo para todo, me preparo para lo peor, primero. Porque si no es el 21 con Fandiño, alguna vez va a llegar. Y si no estás preparado te pasa por arriba. Ojalá que lo peor no sea con Fandiño, que venga más adelante. La pregunta mía es: ¿me siento bien? Ya dejaré que fluya.

-Se nota que extrañás el boxeo…
-Falta un poco eso, sí. Extraño el orden que me daba ese tipo de objetivos como los combates. Me daba un orden a mi estructura, que lo perdí. Llegué a pesar 100 kilos, ya te dije. No digo que perdí el Norte, sino el orden. Puede ser el comienzo de algo muy bonito o el final de algo muy bonito, el 21 lo va a decir todo.

Maravilla peleó en Vélez en el 2013.

-¿Vos sos boxeador por necesidad o por pasión?
-No, pasión…

-Digo, por lo de tu infancia…
-Yo pude superar algunas cosas importantes en la vida. Hice terapia, me voló la cabeza, me dejó siendo otra persona. Hice terapia, por suerte, después de boxear. Me ayudó para acomodarme los muebles. A mí me mueve las pasión, al sentir tanta pasión no le das bola a lo que hay alrededor, te enfocás en lo que querés conseguir.

-¿Cuáles son las cosas más locas que te ofrecieron para que pongas plata?
-Creo que hay cuatro que son fantásticas, que algunas no me las olvido jamás. Y solo me pasaron en Argentina. Por el año 2012 me ofrecieron cuatro negocios. Una mina de oro en Neuquén que tenía de ganancias un millón de dólares por mes… Otra cosa fue un aparato que no purificaba… ¡potabilizaba! el agua del Riachuelo. El agua se podía sacar así y beber, era por un montón de dinero, millones. Otro, una máquina por cinco palos verdes para pintar los cohetes que van a la Luna. Ese tipo de cosas me pasaron. El que más me asombró, que me lo dijo sin ponerse colorado, fue el del Riachuelo. Y hay otra que no recuerdo…

-En un momento dijiste que no creías en Dios. ¿En qué creés?
-Hay cosas que no podemos manejar, no podemos controlar, hay cosas que no entendemos. Y no entiendo por qué hay gente más poderosa que otra, y no hablo de dinero. Yo creo que por ahí anda la cosa, el poder está en el interior de cada uno. Hay gente que cree en Dios, yo creo que Dios está dentro de cada uno. Y así como creo que -por ponerle un nombre Ala,Jehová- está en el interior de cada uno, yo creo que entre todos componemos una energía potente. Los seres humanos tenemos una energía brutal que no la conocemos, que no sabemos manejarla, que no creo que haya nadie en la Tierra que sepa manejarla. Creo que hay algo más.

-¿Alguna vez te encomendaste a Dios?
-De chico fui monaguillo y cuatro años fue profesor de catecismo. Estuve ligado al catolicismo, pero después con el tiempo empece a entender otras cosas. Empece a entender menos del porqué de algunas cosas en la iglesia y me empecé a quedar sin respuestas. Que Dios es así, la Virgen, asá… Después más crecía y mas desconocida. “Solo sé que no sé nada” es una frase fascinante, magnífica porque uno más crece, más cosas conoce y menos sabe. Cuando boxeaba por ahí mi madre me decía “dale gracias a Dios”, y bueno, por no decirle que no a mi vieja, hacía la señal de la cruz, pero sintiendo… la verdad que no.

-La frase “Salí de ahí Maravilla”, de la pelea del 2012 que le ganaste a Chávez pero casi perdés en el último round. ¿a qué te lleva?
-La frase fue fantástica, fue la frase de un amigo, un tipo que te quiere, que se sacó la corbata, dejo el micrófono y lo gritó con el corazón. Walter Nelson es crack, un tipazo y un amigo de verdad. Pero después, analizándolo, yo venía cometiendo un error que en el momento que me tira Chavez se le habrá encendido la lamparita o le habrán dicho 450.000 veces, “cuando gira Martínez a tu izquierda, sacá tu derecha”. La sacó y al ratito yo estaba despatarrado en el suelo. Si yo hubiese querido salir, Chávez tal vez podría haberme noqueado, porque yo hubiese salido de la misma manera, estaba programado, automatizado porque era el movimiento que estuve haciendo toda la noche. Me salía bien pero jugaba con fuego. Yo no soy (Nicolino) Locche, no puedo esquivar como Locche. Entonces, cuando el árbitro dio el pase después de mi caída, y yo salí y enfrenté a Chávez, ahí le rompí los esquemas. Porque él hubiese esperado cualquier cosa menos que lo enfrentara, que yo me plantase delante de él a intercambiar golpes. Fue la decisión de mi carrera. La más importante, la más acertada.

-¿De dónde sacaste la lucidez?
-En ese momento yo no lo analicé como algo técnico, táctico o estratégico. Lo que dije en ese momento fue “vení para acá pendejo, yo te voy a enseñar”, y fui para adelante. Lo pensé así, me calenté. Después en frío, analizando y tomándolo con pinzas, pensé menos mal que hice eso, porque si yo habría querido, quizá hubiese salido bien, pero podrían haber pasado dos cosas: que Chávez me noqueara o que se terminara la pelea y me escapo, me escapo, me escapo… Pero yo no me escapo, y menos de Chávez, no puedo escapar de Chávez, no puedo ser tan pelotudo. Ahí jugó el temperamento mío, pero en frío fue la decisión correcta.

-¿Después del boxeo qué vas a hacer?
-Tenemos dos shows que hacemos. “A veces me dicen Maravilla” y otro que se llama “Argentinos humildes”, ya con el título la gente sonríe. Y estoy trabajando en otra obra, sigo ligado al monólogo, que no me lleva tiempo y me divierte mucho hacer. Lo hago con dos de mis mejores amigos.

-¿Los guiones quién los hace?
-Cada uno escribe el suyo.

-¿Cómo nació eso en vos?
-Hace 15 años, en el 2005, comencé a ver acá en España unos monólogos en un canal de TV. Conocí a un monologuista que, para mí, es el mejor de todos. En la última temporada de la Casa de Papel aparece como Bogotá, uno de mis grandísimos amigos, se llama Hovik Keuchkerian, campeón de peso pesado en España, boxeadorazo y lo mejor que vi en mi vida como monologuista. Yo escribo poesía desde hace muchísimos años. Nos conocimos y le dije que me gustaría hacer lo que él hacía. Me dijo que le escribiera algo. Se lo llevé y me dijo que teníamos material para hacer un show. En Argentina comencé en el 2015 de una forma suicida, sin haber pasado por ninguna escuela, en Carlos Paz. Pero zafé, jugué a la ruleta rusa y zafé. Me quedé conectado a la experiencia sobre todo porque me divierto, puedo decir mis verdades hoy en día y no pago el psicólogo.

-Es difícil hacer humor. ¿Vos cómo hacés?
-Del drama propio. Para mí lo mejor del humor sale del drama. El humor es drama más distancia. Por ejemplo, querés hacer un chiste con lo del tsunami de Asia, hoy en día en Argentina podés hacerlo, y eso que murieron 300.000 personas… Pero hoy hay un tsunami y mañana no podés hacer el chiste, y menos en ese sitio. Cuando hago humor escarbo mucho en lo personal, a la gente le gusta cuando uno agarra un látigo y se machaca. La gente disfruta cómo un tipo se sodomiza. Pues empecé a sacar las cosas turbias y buscar la vuelta. En casa no había comida y yo hago chistes y les digo que son unos cabrones porque se ríen de eso. Va así… “En casa comíamos con un calentador chiquito, mi madre cocinaba con ese calentador lo que había: guiso, pizza, estofado,sopa, milanesa y todo tenía el mismo gusto… a kerosene”. Y entonces la gente se caga de risa, pero le estás diciendo que yo comía todo con gusto a kerosene… Entonces ahí empezás a hablar de todos los efectos que te provoca el kerosene en el cuerpo, y así. Me encanta porque todos tenemos un drama.

-Hoy haces humor, ¿pero te afecto lo de tu infancia?
-Recién lo podés superar con la distancia física o temporal. Eso me pasó en la infancia, ya es distinto. Con 45 años uno lo toma con otra filosofía. Me río de la pierna que yo caminaba de tal manera, pero hace un tiempo yo ni podía mirar la pierna, no quería que me hablaran de la pierna. Pero ya pasaron cinco años de ese drama que viví. Y ahora estamos con la pandemia… así estuve yo meses en mi casa porque no podía moverme de mi cama. Estuve arruinado, eso ya es pasado y también eso es humor. Hay que dejar que pase el tiempo y alejarse de la situación.

-¿Cómo está tu promotora de boxeo? Es la que organiza tu pelea.
-Muy bien. Los boxeadores que tenemos son muchachos jóvenes que necesitan experiencia y experiencias, fricción, excepto Kiko Martínez, que siempre está preparado para cualquier guerra y ya fue campeón Mundial. Después está Jon Fernández, que es un boxeadorazo pero necesita tiempo, viene con récord de una sola perdida de 23 peleas. Sergio García viene invicto, Ángel Moreno… Son boxeadores que necesitamos que todavía sigan en España, tenemos un buen semillero. Pero hay algo que estuvimos analizando, qué es lo que pasa que hay pibes en la Argentina que van a Estados Unidos y pisan fuerte, y hay españoles que no y hay veces que tienen las mismas condiciones. Es que acá hay menos carencias que en Argentina. Para querer comerte el mundo necesitás tener ciertas carencias. Acá Sergio García tiene un coche último modelo, una casa hermosa, su familia y su vida estructurada. Para intentar ser campeón tenés que tener muchas cosas desestructuradas en tu vida.

-¿Te gustaría una pelea más en Las Vegas?
-Estaría bueno como aventura para decir un tipo de 46 años logró pelear en Las Vegas. Y no fue Foreman, Durán o Hopkins, fue un argentino. Eso sí me gustaría.

Fuente: Olé

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