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sábado, 20 julio , 2024

Soledad Barruti: “La producción alimentaria actual nos está matando”

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Mal comidos, el libro que presentó la periodista Soledad Barruti. La presentación se realizó en el auditorio de ATE de nuestra ciudad y fue organizada por el Centro de Protección a la Naturaleza.

La periodista Soledad Barruti llegó a Santa Fe para presentar su libro “Mal comidos. Cómo la industria alimentaria argentina nos está matando”. “Cada vez que pensamos en comida hay mitos y cosas que aparecen que si pensamos contestar es mejor no imaginarlo, en el libro traté de contestar a la pregunta ¿de dónde viene lo que comemos?”, inaugura Barruti.

Ella encontró algunas respuestas en otros países “que tuvieron una gran camada de periodistas, documentalistas, activistas que se ocuparon de mostrarlo”. En Argentina encontró algo sobre la producción de soja y sus consecuencias, la producción de feedlots y lo que sucedía con los recursos pesqueros.

El disparador de la investigación que se publicó en soporte libro de más de 200 páginas fue su propio interés, “siempre me preocupé por saber lo que comía y comer lo mejor posible”. Le gusta comer, cocinar, y viene de una familia -también integrada por médicos- ocupada en la salud, y por añadidura en conocer lo que consumen.
– ¿Cuánto tiempo te llevó la investigación?

– Me llevó dos años, todo el tiempo de estudio previo es incuantificable, tuve la idea, la editorial (Planeta) me dijo que sí y fueron dos años de laburo, recorrido, de decir: quiero ir a ver cómo se hacen los pollos…- ¿Y?

– Lo que encontrás es radicalmente distinto a lo que esperás ver. Se volvió muy extremadamente industrial y tecnificado, y lo que no, se hizo radicalmente tipo de primer mundo: encontrás sistemas modernos hechos en instalaciones precarias, galpones, donde hay miles de pollos que viven hacinados y en espacios olorosos y poco saludables; y también los encontrás en galpones que llaman modelos, y ahí olvidate que lo que hay son animales. De todos modos, ante los dos escenarios de dónde viene la comida, sin que vos sepas de qué modelo vienen, sabés que vienen de un galpón, que los animales están hacinados y que están medicados. No sabés si viene del galpón que parece un hospital o si viene de uno de esos que entran y salen perros; ante los dos escenarios, te acercás al pollo y es un animal enfermo que está contenido por antibióticos, que come sin parar, que tiene una fisonomía que no tiene que ver con la del pollo, la pechuga lo vuelca sobre sí mismo, son animales deformes, medicados, encerrados y que engordan.

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UN ALIMENTO QUE NO ES ALIMENTO

“La idea de generar sistemas que produzcan cantidad en el menor tiempo posible y en el menor espacio es algo que se replica en todos los lugares. Con los animales es rotundo porque hay mucha crueldad, les tienen que dar antibióticos para que no se mueran, para que no caigan enfermos; en frutas y verduras hay una cantidad de químicos para mantener escenarios artificiales”.
“Todos vivimos presos de un mismo sistema y es muy difícil generar alternativas de consumo; sin embargo en todas las provincias aparecen productores agroecológicos, hay ferias, grupos de consumos conscientes; si es cierto, es algo pequeño todavía”.

—Hay varios estudios sobre la consecuencia de la mala alimentación ¿por qué considerás que no se conocen?

—La industria alimentaria es la más poderosa que existe y para lograr ese status desarrolló poderosas estrategias, dentro de las cuales se destaca una profunda credibilidad apañada por campañas que nos dicen qué es bueno, qué nos conviene, qué nos va a hacer mejor. Confundimos publicidad con información. Hoy, pese a que la realidad grita lo contrario, todavía nos cuesta creer que es tan nociva. A mí me lo dicen todo el tiempo empleados de la industria: “No se puede decir todo eso, la industria no es dañina, nos preocupamos en hacer alimentos que no hagan daño”. Del otro lado las enfermedades que avanzan en proporción directa con el aumento de los ingresos de la industria son la prueba de que no es así: cada vez hay más obesos, más diabéticos, más hipertensos, más enfermos de cáncer.

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– Hay información por redes sociales, talleres y distintos ámbitos que está al alcance de las personas, ¿cómo explicás que la gente siga sosteniendo estos hábitos de consumo tremendamente nocivos?

– Creo que desde vos mismo podés hacerte el distraído, pero cuando le tenés que dar de comer a tu hijo y sabés que los animales están creciendo con una cantidad de antibióticos que generan enfermedades que luego no tienen cura; que las frutas y verduras no son saludables porque tienen un montón de peligros por los agroquímicos, creo que no hay nadie que se quede sólo con la información. La información es útil en la medida que hagamos algo con eso, para -como ciudadanos- exigir que se cumplan ciertas condiciones.

– En este sentido, las medidas políticas tampoco resguardan la salud de los ciudadanos.

– Tenemos un modelo al que no hay oposición política. Hay distintos partidos políticos y alrededor de la producción todos sostienen lo mismo, sin perspectiva de futuro. La producción hoy no contempla la preservación ni la regeneración del suelo. Pensar en estos términos es ser un ignorante o bien ganar mucha plata en poco tiempo.

– ¿Podés explicar qué es lo que hace la empresa Monsanto y de qué forma nos afecta?

– Monsanto es la empresa que trajo la semilla que germinó en este modelo de país, lo hizo en asociación directa con el gobierno, un gobierno que se caracterizó por ser un rematador del Estado como fue el menemismo. Se introdujo en nuestro país, sin hacer ningún tipo de estudio, usándonos a nosotros y a nuestro territorio. Fue en un ensordecimiento colectivo muy grande en el ‘96. Hoy en día, lo que más tenemos plantada en nuestro territorio es esta semillita de esta empresa que también se vende a través de otras, y de empresas locales.

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Es la semillita transgénica. Las frutas y verduras que consumimos son híbridas, es decir, que tienen un mejoramiento en laboratorio: pensando en variedades el tomate larga vida, que no tiene gusto, pero se ha hecho mezclando tomate con tomate. La transgénica lo que hace es agarrar un gen de otra especie que puede ser una bacteria, un virus, un animal, una planta y meterla adentro de otra especie, un cruce que no se da en la naturaleza a no ser que sea por una enfermedad. Ese alimento (soja, maíz) lo consumimos mayoritariamente dentro de los productos industriales, por el procesado, todo tiene lecitina de soja, jarabe de maíz de alta fructosa, casi nada de lo que consumas zafa de eso. Esto genera un modelo productivo que es poco saludable, poco sustentable y muy dañino.

“El libro tiene más de 200 entrevistas, no me aventuré a dar mis propias ideas sino que me dediqué a hacer puentes y buscar personas que estaban trabajando en lugares sin conexión, y pensar cuál es el problema y hasta dónde nos puede llegar. Pueden ser varias alternativas, sí tenemos que ver que este sistema no funciona, necesitamos rehumanizar la relación con los alimentos, volver a la naturaleza, encontrar maneras de consumo y compras más lógicas, más humanas y que protejan nuestra salud. Tenemos que recuperar la soberanía alimentaria que en este momento está perdida. Es gravísimo y trágico y desde algunos grupos hay muchísimas expresiones pero no tienen la prensa que tiene la semilla de Monsanto”.

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