Martes 15, octubre 2019
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Las cruentas batallas finales y los tres sangrientos últimos días de la guerra de Malvinas

Desde el 12 de junio el cerco británico comenzó a cerrarse sobre Puerto Argentino. La rendición llegó el día 14, pero antes los soldados argentinos combatieron con coraje frente a un enemigo que avanzó a sangre y fuego. El dramático recuerdo de aquellos feroces combates en primera persona

El 12 de junio a la mañana los británicos tomaron el Monte Harriet . El Regimiento 4 de Infantería (RI 4), después de ser rodeado por efectivos superiores se había rendido. Así lo describe el general británico Julian Thompson:

“Nos encontramos con 300 prisioneros, incluidos el jefe del Regimiento de Infantería 4 y varios oficiales. Esto muestra las mentiras de las informaciones de la prensa según las cuales los oficiales huían dejando a sus soldados conscriptos para que fueran masacrados o se rindieran como ovejas (…) Oficiales y suboficiales se batieron duramente”.

Fracciones del RI 6 y del RI 7, se habían replegado sobre Puerto Argentino después de combatir en los montes Dos Hermanas y Longdon, donde perdió la vida el observador adelantado del Grupo de Artillería 3 (GA 3) teniente Alberto Ramos.

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El enemigo dedicó ese día a reorganizarse y adelantar su artillería. Mientras transportaban sus cañones de 105 mm enganchados en sus helicópteros, abrimos fuego con munición con espoletas a tiempo (hacen explotar los proyectiles en el aire) y uno de mis observadores adelantados informó que un helicóptero británico había caído en llamas. El fuego de contra artillería de los ingleses cesó de inmediato.

Se esperaba el inminente ataque a los cerros Tumbledown, William y a Sapper Hill, situados a 7, 6 y 3 km respectivamente de Puerto Argentino, defendidos por el Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5), a órdenes del capitán de fragata Carlos H. Robacio.

Ese Batallón poseía un alto grado de adiestramiento adaptado al clima, tenía su dotación de hombres, material y armamento completos, y su sistema logístico no experimentó alteración alguna porque fue abastecido en forma directa por aviones de la Armada. Su asiento de paz era Río Grande, en la isla de Tierra del Fuego. Su batería de 6 obuses de 105 mm se incorporó al sistema unificado de control y dirección de fuego que operaba el Comando de Artillería del Ejército de la guarnición Malvinas.

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Con el BIM 5 realicé coordinaciones estrechas que dieron resultado en los combates más intensos que se libraron en las últimas 48 horas. Operamos con una precisión e integración que parecía haber sido consecuencia de ejercitaciones previas en el continente, cuando en realidad nos conocimos el 15 de abril en Malvinas.

Como profesionales recordábamos la experiencia alemana en la Segunda Guerra Mundial, que con claridad lo expresó entonces el mariscal alemán Erich von Manstein en 1942 referido al cerco ruso en Stalingrado, como consecuencia de la inmovilidad, agotamiento y falta de apoyo aéreo y logístico:

“A pesar de una resistencia heroica, la lucha de los últimos días produjeron irrupciones enemigas profundas, que hasta ahora solo pueden ser contenidas precariamente. Reservas ya no existen, ni pueden ser formadas tampoco. La munición alcanza apenas para tres días; combustible no hay más. Las armas pesadas ya no pueden ser movidas. Elevadas pérdidas y un abastecimiento deficiente, unidos a un frío muy intenso, han hecho descender considerablemente, además, la capacidad de resistencia de la tropa. Cabe prever que, si los ataques enemigos continúan con la misma intensidad, el frente probablemente no resistirá más que algunos días […]. Las condiciones impidieron nuevamente el abastecimiento por vía aérea, así como el empleo de la aviación de combate para aliviar al Ejército en su difícil lucha”.

Salvando las circunstancias de tiempo , modo , lugar y efectivos en pugna nuestra situación guardaba cierta relación con lo expresado.
A la tarde del 12 de junio, un avión Harrier, con su inconfundible sonido, nos sobrevoló a unos 300 metros de altura y abrió fuego con cañones y misilessobre una de mis baterías de cañones de 155 mm ubicados en ladera este de Sapper Hill.

Temí lo peor, pero solo tuvimos 7 heridos leves: el cabo primero Omar Livorio y 6 soldados. Los refugios para los operadores de los cañones preparados por el teniente primero Luis Daffunchio limitaron los efectos del ataque del avión. El adversario arriesgó un Harrier que cuesta más de 25 millones de dólares para neutralizar 2 cañones que no superan el 1 % de esa cifra, prueba evidente que el fuego de los mismos los afectaba.

El día 13 amaneció claro y soleado. Desde la mañana se inició un duelo de artillería entre los dos bandos, y recibimos el fuego de contrabatería más intenso de toda la guerra, más de cientos de proyectiles de 105 mm, disparados por la artillería británica.
Turba y polvo oscurecieron el soleado día. Las explosiones alrededor de nosotros se sucedieron sin interrupción. El saldo fue de un muerto, el cabo Angel Quispe, y 2 suboficiales y 4 soldados heridos.

Fuentes británicas consignaron a esas acciones como: “…un episodio terrorífico, desesperado y al mismo tiempo trágico”.

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Pero faltaba lo más duro que sucedería durante la noche. Mientras esto ocurría, por radio nos enteramos de que en Buenos Aires lo que más preocupaba era el Campeonato Mundial de Fútbol, en España: la Selección Argentina había perdido 1 a 0 contra Bélgica.

La falsa, cuando no inexistente, información que proporcionaban el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor Conjunto a nuestro pueblo impidió que este tomara real dimensión del esfuerzo y el sacrificio de los hombres que por un sentimiento combatían en Malvinas.

La noche del 13 al 14 de junio el GA 3 y el GA 4, a órdenes del teniente coronel Carlos Quevedo, apoyamos el repliegue del BIM 5 y a una pequeña fracción de un Escuadrón de Caballería, a pie, a órdenes del Capitán Rodrigo Soloaga.

En el combate de Tumbledown los ingleses contaron con una superioridad de 5 a 1 , y enfrentaron una resistencia jamás pensada.

Fue una noche larga, interminable y confusa.

La oscuridad, iluminada por el rojo de la munición trazante de las ametralladoras, el resplandor y estampido que dejaban los proyectiles al salir de la boca de nuestros cañones, el silbido de los proyectiles de la artillería británica antes del impacto, daban a la noche una imagen dantesca al perforar la oscuridad como si fuera un espectáculo de fuegos artificiales, pero en nuestro caso letales.

A media mañana llegó la orden de “alto el fuego”.

Un silencio sepulcral reinaba en nuestra zona. La absurda aventura, que se inició el 1° de mayo había finalizado. El saldo fue de más de 600 muertos y mutilados, y centenares de hombres afectados por el estrés postraumático.

Uno de ellos, el comandante de la 5ta Brigada de Infantería, Anthony Wilson, dijo: “No cabe duda de que los hombres que se nos opusieron eran soldados tenaces y competentes, y muchos han muerto en su puesto”.

Estoy convencido que la guerra es una desgracia para cualquiera de los adversarios. Siempre es mejor el sendero de la paz.
*Ex Jefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de Malvinas y ex Embajador en Colombia y Costa Rica.

Por Martín Balza

Fuente. Infobae

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